viernes, 14 de julio de 2023
domingo, 20 de febrero de 2022
EL SEÑOR SHERLOCK HOLMES POR EL DOCTOR JOSEPH BELL
Traducción del ensayo del doctor Joseph Bell EL SEÑOR SHERLOCK HOLMES
| https://pixabay.com/es/photos/londres-sherlock-holmes-244261/ |
Esta es una traducción mía que había hecho hace, creo, como dos años, como práctica cuando me estaba preparando para dar el examen de inglés de Cambridge B2 First. La versión en su idioma original la leí por interés propio y este fue validado por el Dr. Bell, quien no sólo escribía muy bien a juzgar por este ensayo (aunque faltarían más puntos aparte), sino que hace el desarrollo del tema de un modo muy interesante. La versión original está aquí: https://en.wikisource.org/wiki/A_Study_in_Scarlet_(London:_Ward,_Lock_%26_Co.)
Sin más, aquí está mi traducción al español:
Nota del editor de la edición de Ward, Lock and Co. Limited
Como fue en Estudio en escarlata que el señor Sherlock Holmes fue presentado al público, así como sus métodos de trabajo descritos, se nos ocurrió a quienes publicamos ese volumen que un ensayo sobre Sherlock Holmes que el viejo maestro del doctor Doyle, el doctor Joseph Bell, el inspirador de Sherlock Holmes, publicó recientemente en The Bookman, sería de gran interés para los lectores que no lo vieron cuando apareció en esa publicación.
El doctor Doyle, su pupilo, nos dice en las páginas del Strand Magazine que los “poderes intuitivos” del doctor Bell al tratar con sus pacientes eran “simplemente, maravillosos”.
—Ante un caso número uno, el Dr. Bell dice: “Veo que padece usted la bebida. Incluso lleva una botella en el bolsillo interior del pecho de su abrigo”.
>>Ante otro caso: “Veo que es zapatero”, y se dirigiría a sus estudiantes, señalándoles que el costado interior de sus pantalones a la altura de la rodilla estaba desgastado; ese era el lugar donde el hombre ponía su apoyo para trabajar zapatos… Una peculiaridad sólo encontrada en zapateros.
>>Todo esto me impresionó mucho. Lo veía habitualmente de cerca, con sus afilados, penetrantes ojos, nariz aguileña y rasgos destacados. Se sentaba en su silla con los dedos cruzados (y era muy hábil con sus manos) y simplemente miraba al hombre o mujer enfrente de él. Era muy amable y atento con sus estudiantes, verdaderamente un buen amigo, y para cuando me gradué y fui a África, la remarcable individualidad y la habilidosa percepción de mi viejo maestro habían dejado un profundo y permanente recuerdo en mí, aunque no tenía ni la menor idea de que eso me llevaría un día a abandonar la medicina por la escritura.
Que, efectivamente, llevó al Dr. Doyle a “abandonar la medicina por la escritura” y con qué resultados, todo el mundo lo sabe. Y como el señor Sherlock Holmes se ha convertido en una palabra cotidiana y casi en una institución pública, los editores de Estudio en escarlata esperamos que el siguiente ensayo, que contiene algunos elementos de la educación inicial y entrenamiento del Dr. Doyle y de las circunstancias que lo llevaron a formar el hábito de la observación atenta, será de interés para sus muchos lectores. Un cordial agradecimiento es debido al Dr. Doyle y al Dr. Bell, y al editor y propietarios de The Bookman por consentir cortésmente a la reproducción del ensayo.
EL SEÑOR SHERLOCK HOLMES
POR EL DOCTOR JOSEPH BELL
No es del todo una mala señal de este agonizante siglo que se acaba que en esta, su última década, incluso los pobres comunes de la calle están comenzando, como dicen las enfermeras, a avivarse [to take notice]. Una insaciable y, por lo general, lasciva curiosidad respecto a las acciones de la clase inmediatamente sobre nosotros es complacida por las revistas, y es incluso alentada por los diarios. Tal información carece de valor intelectual y tiende a la degradación moral; no ejercita ninguna habilidad y pauperiza la imaginación. Las celebridades, las ilustradas entrevistas y los distintos niveles de escándalos sociales simplemente apaciguan el picor del oído de los chismosos. Memorias, evocaciones, anécdotas del bar o de la academia son muchos más interesantes, y tal vez sean útiles para complementar la historia, pero aun así sólo son usadas por diversión y para matar el tiempo, cuyo valor olvidamos. Pero en los últimos años ha habido un alza en la demanda por libros que, aunque ciertamente de un modo pobre, alientan el pensamiento y estimulan la observación. Toda la serie de The Gamekeeper at Home y sus imitaciones abrieron los ojos de los citadinos, que habían olvidado o nunca conocieron a White de Selborne, a las deliciosas vistas y sonidos que fueron la cosecha del ojo y oído abiertos. Algo del mismo interés es dado a “la horrible calle de la ciudad atestada” [verso del poema El vuelo de la duquesa] por las sugestiones de crimen y romance, de curiosidad y su gratificación, que encontramos escritas, con mayor o menor inteligencia, en la enorme masa de la así llamada literatura de detectives que invade la prensa. Cada puesto de libros tiene su shocker de un chelín [algo que asombra o emociona, cercano a la denominación con que en el español de hoy se usa thriller], y cada revista que circule debe tener su misterio de robo o de asesinato. La mayoría de estos son materiales bastante pobres; argumentos complicados que pueden ser resueltos en el primer capítulo, coincidencias extraordinarias, detectives con dones preternaturales que hacen descubrimientos más o menos inútiles en instantes de epifanías que nadie más puede entender; estas cosas cansan por su semejanza, y su interés, así como es, se centra sólo en los resultados y no en los métodos. Podemos admirar a Lecocq [sic; Lecoq es un detective ficcional francés], pero no nos vemos a nosotros mismos en sus zapatos. El doctor Conan Doyle ha tenido un bien merecido éxito con sus historias de detectives y ha vuelto el nombre de su héroe amado por los muchachos de este país por la maravillosa inteligencia de su método. Él muestra qué fácil es, si uno tan sólo observa, averiguar un montón de cosas sobre los hechos y hábitos de los amigos inocentes e inconscientes y, por extensión del mismo método, sorprender al criminal al develar el método de su crimen. No hay nada nuevo bajo el sol: Voltaire nos enseñó el método de Zadig, y todo buen maestro de medicina o cirugía ejemplifica todos los días en su enseñanza y práctica el método y sus resultados. El preciso e inteligente reconocimiento y apreciación de diferencias mínimas es el factor verdaderamente esencial en todos los diagnósticos médicos exitosos. Llevado a la vida ordinaria, y dada la presencia de una insaciable curiosidad y habilidades de percepción muy aguzadas, tenemos a un Sherlock Holmes que impresiona a su algo lento amigo Watson; agregando un entrenamiento especializado, tenemos a Sherlock Holmes, el hábil detective.
La educación del Dr. Doyle como estudiante de medicina le enseñó cómo observar, y su práctica, tanto como médico general y como especialista, ha sido un espléndido entrenamiento para un hombre como él, dotado con ojos, memoria e imaginación. Ojos y oídos que pueden ver y oír, memoria para retener al instante y para evocar a placer las impresiones de los sentidos, y una imaginación capaz de tejer una teoría, o componer una cadena rota, o desenredar una pista enmarañada, tales son los implementos del oficio de un diagnosticador exitoso. Si además el doctor tiene un talento natural para contar historias, entonces es una simple cuestión de elección que escriba historias de detectives o que emplee sus fuerzas en un gran romance histórico como La compañía blanca. Syme, uno de los más grandes profesores de diagnóstico quirúrgico que ha habido, tenía una ilustración favorita que, como una tradición de la escuela, ha dejado una marca en el método del Dr. Conan Doyle: “Trate de aprender los rasgos de una enfermedad o de una herida tan precisamente como conoce los rasgos, la manera de caminar y los manerismos de su más íntimo amigo”. A un amigo puede reconocerlo al instante, incluso si está inmerso en una multitud; puede ser una multitud de hombres vestidos igual, cada uno con ojos, nariz, pelo y brazos y piernas; en todo lo esencial se parecen el uno al otro, sólo en minucias difieren; y aun así, al conocer bien estas minucias, puede hacer su diagnóstico o reconocimiento fácilmente. Así ocurre también con las enfermedades de la mente, o del cuerpo, o de la moral. Las peculiaridades étnicas, los manerismos hereditarios, el acento, la ocupación o el deseo por ella, la educación, los ambientes de todo tipo, por sus pequeños y triviales efectos van, gradualmente, moldeando o cincelando al individuo, y dejan huellas, o las marcas del cincel, que un experto puede reconocer. Las grandes características que de un vistazo pueden ser reconocidas como indicadoras de enfermedades del corazón o de tuberculosis, de alcoholismo o de pérdida continua de sangre, son la propiedad común de todos los principiantes en medicina, mientras que para los maestros en el arte hay una miríada de signos elocuentes e instructivos, pero que necesitan del ojo educado para ser detectados. Un libro de gran tamaño y muy valioso ha sido escrito hace poco sobre un solo síntoma, el pulso; para cualquiera que no sea un médico entrenado, parecería un absurdo tan grande como lo es el inmortal tratado de Sherlock Holmes sobre las ciento catorce variedades de cenizas de tabaco. El salto más grande que se ha dado en los últimos años en la medicina preventiva y en la medicina diagnóstica consiste en el reconocimiento y diferenciación por la investigación bacteriológica de esos diminutos organismos que diseminan el cólera y la fiebre, la tuberculosis y el ántrax. La importancia de lo infinitamente pequeño es incalculable. Envenene un pozo en la Meca con el bacilo del cólera y toda el agua sagrada que los peregrinos cargan en sus botellas infectará un continente, y las noticias de las víctimas de la plaga aterrorizarán todo puerto de la cristiandad.
Entrenado como lo ha sido para notar y apreciar cada minúsculo detalle, el Dr. Doyle vio que podría interesar a sus inteligentes lectores revelándoles su secreto y mostrando su modo de trabajar. Creó un hombre astuto, inquisitivo y de vista rápida, a medias un doctor y a medias un excelente artista, con un montón de tiempo libre, una memoria retentiva, y que tiene tal vez el mayor don de todos: el poder de desocupar la mente de todo el esfuerzo de tratar de recordar detalles innecesarios. Holmes le dice a Watson: “Una persona debería mantener su pequeño ático del cerebro ocupado con el mobiliario que es probable que utilice, mientras que el resto puede ponerlo en la habitación de reservas de la biblioteca, donde puede agarrarlo cuando quiera”. Pero para él, los triviales resultados que causa el ambiente, los signos que marcan los trabajos manuales, las señales del oficio, los incidentes de viajar, tienen un vivo interés porque tienden a satisfacer una curiosidad insaciable, casi inhumana por impersonal. El Dr. Doyle pone al hombre en la posición de un amateur, y por ende sin responsabilidades, un detective que es consultado en todo tipo de casos y luego nos deja ver cómo trabaja. Hace que Holmes le explique al buen Watson los triviales, o aparentemente triviales, eslabones en su cadena de evidencias. Estos son inmediatamente obvios una vez explicados, y tan fáciles una vez que se los conoce, que el ingenuo lector siente al instante, y se lo dice a sí mismo, que él también podría hacer eso; que la vida no es tan deslucida, después de todo, y que si mantiene sus ojos abiertos descubrirá cosas. El reloj de oro, con su cerradura arañada y las marcas de los prestamistas, dijo una historia muy simple sobre el hermano de Watson; el polvoso y viejo sombrero hongo reveló que su dueño había caído en la bebida algunos años atrás y que se había cortado el pelo anteayer; la pequeña espina y la atemorizante huella que no era ni de un niño ni de un mono permitieron a Holmes identificar y capturar al isleño de las Andaman. Sin embargo, después de todo, uno dice que no hay nada maravilloso; que todos podríamos hacer lo mismo.
Los médicos, todos los días, en sus examinaciones del paciente más humilde, deben hacer un proceso de razonamiento similar, rápido o lento según las ecuaciones personales de cada uno, casi automático en el hombre experimentado, trabajoso y a menudo errático en el principiante, pero requiriendo los mismos requisitos simples de la habilidad para notar los hechos y educación e inteligencia para aplicarlos. La sola agudeza de los sentidos no es suficiente: un rastreador indio puede decirle que la pisada sobre las hojas no era de un piel roja, sino de un cara pálida, porque marcó una huella de zapato, pero se necesita a un experto en zapatos para decirle dónde fue hecho ese zapato. Un detective que sea un buen observador puede notar la marca de pulgar que dejó una mano sucia o con sangre en una cortina o ventana, pero necesita de todo el conocimiento científico de un Galton para lograr que los valles y montañas de la mancha sean visibles y permanentes, y para luego identificar por ese signo a un sospechoso de robo o asesinato. Sherlock Holmes tiene sentidos agudos y la educación especial y la información para que estos sean valiosos, y nos permite conocer los secretos de su método. Pero en adición a la creación de su héroe, el Dr. Conan Doyle ha probado en su destacable serie de historias que ha nacido para ser escritor. Ha tenido la inteligencia para realizar excelentes argumentos e interesantes complicaciones, y los cuenta en un honesto inglés sajón, directa y precisamente; por sobre todos sus otros méritos, sus historias están absolutamente libres de relleno. Él sabe cuán deliciosa es la brevedad, cómo todo tiende a ser demasiado largo, y nos ha dado historias que podemos leer entre la cena y el café sin posibilidad de que olvidemos el comienzo antes de llegar al final. Las historias de detectives ordinarias, desde Gaboriau o Boisgobey hasta el último shocker, en verdad necesitan de un esfuerzo de memoria bastante innecesario por parte del lector para retener las circunstancias de los crímenes y las distintas acciones de los personajes secundarios. El Dr. Doyle nunca le da una oportunidad de olvidar un incidente o perder un punto.
sábado, 13 de febrero de 2021
RESEÑA DE ÚLTIMOS CASOS DE SHERLOCK HOLMES
ÚLTIMOS CASOS DE SHERLOCK HOLMES
LAS ÚLTIMAS HISTORIAS PUBLICADAS
FICHA
Título original: The Case-Book of Sherlock Holmes
Autor: Arthur Conan Doyle
Publicación original: 1921-1927 (las historias cortas); 1927 (el volumen recopilatorio)
"And so, reader, farewell to Sherlock Holmes!"
Este último grupo de historias es el menos interesante y emocionante de Sherlock Holmes, pero la vara está muy alta debido a lo muy buenas que son las anteriores. Empero, aquí hay una mayor variedad de estilos, siendo el principal cambio las dos historias narradas por Sherlock Holmes y no escritas por Watson tras que él se las relatara (como en La Gloria Scott y El ritual de los Musgrave) y no carece de momentos memorables.
Por cierto, las historias no fueron ordenadas en su orden de publicación, e imagino que fue sugerido así por Conan Doyle. Para el orden de publicación, ver aquí: https://en.wikipedia.org/wiki/The_Case-Book_of_Sherlock_Holmes
La aventura del cliente ilustre
No podía recordar este caso por su título y tras leerlo vi que la razón era que el cliente ilustre en realidad nunca aparece en persona porque actúa por un intermediario, y aunque Watson descubre quién es, Holmes le dice que no se lo cuente.
En este caso, Holmes y Watson se las ven con un enemigo muy inteligente, quizá hasta el nivel del mismo Sherlock. El objetivo del dúo dinámico detective-doctor es evitar que este hombre, que es un asesino serial de mujeres, logre casarse y tener completamente a su merced una nueva víctima, y Holmes tendrá que romper la ley una vez más, aunque con un resultado imprevisto.
La aventura del soldado blanqueado
La primera de las dos únicas ocasiones en que la historia es narrada por Sherlock Holmes en primera persona. Como tal, es directa en su presentación del caso y precisa en los detalles; no tiene las preguntas en medio de ella que solía hacerse internamente Watson y que daban más intriga al manifestar muchas posibilidades de resolución, que con Watson además tienen sus emociones imbricadas en ellas. Por supuesto, Holmes reconoce que relata los hechos escuetamente; en ese sentido, su narración puede calificarse como más seca que las de Watson, ya que tampoco están las habituales muestras de admiración que este (que ni siquiera aparece en esta historia) tiene por Sherlock.
Respecto al caso en sí, referido a la desaparición con reclusión de un amigo de su cliente, no le resultó difícil de resolver pues sólo con la narración de su cliente, tras llegar a la casa del problema obtuvo de inmediato la prueba empírica que necesitaba para confirmar su teoría. Lo interesante de esta historia está en que Holmes es quien la narra y en la cuestión de cómo el azar estuvo envuelto en la gestación del problema que dio origen a la desaparición.
La aventura de la piedra mazarino
Este relato está narrado en tercera persona (la única así además de Su último saludo en el escenario). Se desarrolla por completo en Baker Street 221 B, que es donde Holmes tratará de recuperar la piedra mazarino de un ladrón de clase alta de quien Holmes ya tiene una lista de anteriores crímenes. Sin embargo, su prioridad aquí no es apresarlo porque su cliente lo contrató para recuperar la piedra preciosa.
La manera de tratar el caso de Holmes (y la forma en que luego devuelve la piedra) es una muy buena muestra de por qué sus historias son tan apreciadas.
La aventura de los tras gabletes
El misterio inicial se desenreda muy rápida y fácilmente, con lo cual el atractivo de esta historia está prácticamente de modo exclusivo, como en algunas otras, en la forma de manejarse de Sherlock Holmes y, de hecho, en las dos primeras páginas hay una clara muestra de por qué eso funciona cuando un “amedrentador” irrumpe en Baker Street a tratar de amedrentar a Holmes pero sale de allí con el rabo entre las piernas sin que Holmes siquiera se haya levantado de su asiento.
También se revela aquí que Holmes tiene una relación de dar y recibir con un hombre llamado Langdon Pike, un persona que está al tanto de todos los chismes y ocurrencias subrepticias de la vida social londinense, con Holmes ayudándolo un poco a reunir información y él correspondiéndole con la suya cuando Sherlock lo necesitaba.
La aventura del vampiro de Sussex
Holmes es consultado por un aparente caso de vampirismo de una madre a su hijo y es en esa posibilidad en lo que reside el interés del caso, dado que Holmes lo resuelve rápidamente sin mucho problema.
La aventura de los tres Garridebs
“Fue la única vez en mi vida que comprendí la grandeza de su corazón, lo mismo que tantas veces había visto la de su cerebro. Todos los años que había estado a su servicio, colaborando con él humilde y lealmente, encontraron su culminación en aquel momento revelador”
Un muy interesante caso y dejo que las palabras de Watson en el párrafo inicial lo describan:
“Pudo haber terminado todo en pura comedia o haber resultado tragedia completa. A un hombre le costó la razón, a mí me costó la sangre y a otro los rigores y sanciones de la ley. Sin embargo, es indudable que en el caso hubo un ingrediente de comedia. Pero… juzguen por ustedes mismos”.
La herida de Watson ocasiona otro de los momentos memorables por el despliegue inusual de fuerte emoción de Sherlock que ocasiona.
El problema del puente de Thor
“Me temo, Watson, que no va a acrecentar usted la buena reputación que yo pueda haber adquirido en casos anteriores, añadiendo el del misterio del puente de Thor a sus anales”
Este es el cuento más largo y contiene muchos desplazamientos y diálogos: es uno en los que más se cuentan en detalle las pesquisas de Holmes.
La aventura del hombre que gateaba
“Cuando se subleva uno contra la naturaleza, lo más probable es que sea derrotado y caiga más hondo. El tipo más evolucionado de hombre puede retroceder al estado animal, si se aparta del camino recto de su destino”
Este, al igual que el del puente de Thor, tiene mucha actividad de Sherlock, y es, quizá, en el que mejor está el color y la vida que Watson agrega a sus narraciones (aunque Holmes se lo critique); es en “la falta de más Watson” de las historias de este volumen donde quizá esté su principal falla para generar un interés tan alto como las de la mayoría del resto del canon.
Este cuento tiene un elemento de ciencia ficción, que si recuerdo bien es en el único en el que esto ocurre.
La aventura de la crin de león
“Jamás encontrará el lector, en todas las crónicas que se han hecho de mis actividades, un caso en el que estuviera más desorientado y me hubiera costado más trabajo”
El segundo y último caso relatado por el mismo Sherlock Holmes. Cuando él ya se ha retirado a una vida de campo, un profesor de un instituto cercano es asesinado, por casualidad muriendo en los brazos de Sherlock y otro profesor amigo, descubriéndosele unas marcas como de látigo cruzando su espalda, y sus últimas palabras inteligibles fueron “la crin de león”. Sherlock se pone a investigar este caso, con su atmósfera de suspenso ante los aparentes callejones sin salida a los que conducen las pistas.
La aventura de la inquilina encubierta
Esta historia muy corta no tiene participación alguna de Holmes mas que escuchar a su cliente y tratar de disuadirla de acabar con su vida.
La aventura de la vieja casona de Shoscombe
En la casona del título viven una hermana rica y un endeudado hermano dueño de caballos. El entrenador de caballos acude a Holmes porque ha descubierto que que el dueño está desenterrando un cadáver de una vieja capilla que hay en la propiedad y también se encuentra un hueso calcinado en una caldera de la casa. Holmes y Watson, entonces, van al lugar a investigar.
La aventura del pintor misterioso
Un hombre ha sido traicionado: su esposa se ha fugado con su amigo y robándole sus ahorros. El hombre acude a Sherlock Holmes para que los rastree. Holmes está ocupado, así que envía primero a la casa de este hombre a Watson, quien le da información que, aunque al doctor no le dice nada en especial, al detective le hace pensar que hay algo más que lo que su cliente ha dicho
Dividiendo en tres grupos de gusto descendente:
La aventura del cliente ilustre; La aventura del soldado blanqueado; La aventura de la piedra Mazarino; La aventura de los tres Garridebs; El problema del puente de Thor; La aventura de la crin de león; La aventura del hombre que gateaba; La aventura del pintor misterioso
La aventura del vampiro de Sussex
La aventura de los tres gabletes; La aventura de la vieja casona de Shoscombe; La aventura de la inquilina encubierta
martes, 19 de enero de 2021
ANÁLISIS (1) POE Y LA INTELIGENCIA Y EL ANÁLISIS
POE Y LA INTELIGENCIA Y EL ANÁLISIS
C. Auguste Dupin es el principal protagonista de tres cuentos escritos por Edgar Allan Poe: Los crímenes de la calle Morgue; El misterio de Marie Roget; La carta robada. En estos tres cuentos y en otro llamado El escarabajo de oro, con otro juego de protagonistas, de los cuales el principal es William Legrand, Poe ha escrito sobre la inteligencia y el análisis, y sobre las probabilidades y el azar, con un enfoque muy interesante porque el detective más famoso, Sherlock Holmes, le dedica a esos temas un enfoque de, más bien, ciencia aplicada y, de hecho, Sherlock combina la teoría con la práctica más que lo que Dupin lo hace en sus tres cuentos porque el primero hace mucha más investigación de campo, además de que aunque es dicho que Holmes resuelve casos sin salir de su casa, en la mayoría de los que cuenta Watson su investigación de campo, muy superior por lo regular a la de la policía, es fundamental para obtener los datos necesarios para descubrir o demostrar. Dupin, por su parte, explica sus razonamientos desde un ángulo que no sé si llega a calificar de epistemológico, pero al menos creo que esta palabra da la idea general.
Así, en los primeros párrafos de Los crímenes… comienzan directamente hablando de la inteligencia, y ya desde su epígrafe:
"Qué canción cantaban las sirenas o qué nombre adoptó Aquiles cuando se ocultó entre las mujeres, aunque cuestiones intrincadas, no están más allá de toda conjetura (Sir Thomas Browne, Urn-Burial)"
Tras esto, habla el narrador anónimo sobre cómo
Las características de la inteligencia calificadas de analíticas
constituyen, al utilizarlas quien las posea en alto grado, una fuente de gran
placer para este, incluso en las cuestiones más triviales, y que probablemente
estas facultades se vigoricen con el estudio de las matemáticas, y en especial
del análisis matemático (calculus, aunque Dupin en La carta robada negará la validez universal de la razón matemática). Pero aquí hace una distinción
importante: calcular no significa por sí mismo analizar
, y señala cómo
en el juego de las damas un jugador ejercita más el análisis (no en el sentido
matemático) que el mero cálculo en comparación con un jugador de
ajedrez, dado que en este último juego
se toma por profundo (un error bastante común) lo que es complejo
; esto
debido a las muy diversas posibilidades de movimientos de las piezas, que
requieren de una gran concentración para no cometer un desliz, y es la
capacidad de concentración alta e ininterrumpida, entonces, lo fundamental;
mientras que en las damas, al ser un juego mucho más simple,
requiere de una mayor agudeza y un jugador se ve obligado a penetrar en el
espíritu de su oponente para descubrir cómo forzarle a cometer un error. En el
mismo sentido habla luego del whist (un juego de cartas):
la destreza en el whist implica la capacidad de triunfar en todas las
empresas más destacadas en que una inteligencia luche por otra
.
Luego (todo esto antes de siquiera mencionar a Dupin) hace el narrador otra importante distinción:
“No debe confundirse el poder de análisis con el simple ingenio, pues mientras el analista es necesariamente ingenioso [, el ingenioso] es a menudo notablemente incapaz de análisis. La capacidad de deducción y de combinación, a través de la cual suele el ingenio manifestarse y a la que los frenólogos (creo que erróneamente) han asignado un órgano separado, suponiéndola una facultad primitiva, se ha observado con tanta frecuencia en sujetos cuyo intelecto bordeaba por otro parte la idiotez, como para atraer la atención general de los tratadistas del carácter. Entre el ingenio y la capacidad analítica existe una diferenciación aún mayor que entre la fantasía y la imaginación, si bien de una naturaleza casi estrictamente análoga. Se descubrirá, de hecho, que el ingenioso es siempre fantasioso, y el verdadero imaginativo es analítico”
Finalmente, sí se presenta a Dupin, y se narra cómo se inmiscuye de golpe en los pensamientos del narrador tras haber caminado unos quince minutos en silencio, algo que Sherlock Holmes, en Estudio en escarlata, califica de muy petulante y superficial, aunque en un cuento posterior él mismo lo hace con Watson para demostrarle que también podía hacerlo (la clave en ambas situaciones era, especialmente, seguir los ojos del otro para trazar conexiones por las cosas que observa y las expresiones faciales que estas le provocan). Posteriormente, ya analizando el caso en Los crímenes… Dupin dirá:
Vidocq [1775-1857, fundador de la policía nacional francesa, detective privado y propulsor de métodos científicos para el trabajo policíaco y detectivesco], por ejemplo, era hábil en sus conjeturas, y desde luego un hombre perseverante. Pero, al carecer de un pensamiento adiestrado, erraba continuamente por la misma intensidad de sus investigaciones. Empañaba su visión al mantener el objeto demasiado próximo. Podía ver, quizás, uno o dos puntos con insólita claridad, pero al hacerlo así, necesariamente perdía la visión del asunto como un todo. Y es que existe algo que podemos llamar exceso de profundidad. La verdad no está siempre en un pozo. De hecho creo que el conocimiento más importante es invariablemente superficial. La profundidad yace en los valles donde lo buscamos, y no en las cumbres de las montañas donde se encuentra. Las formas y las fuentes de este tipo de error están bien tipificadas en la contemplación de los cuerpos celestes. Al mirar una estrella de reojo, al observarla con una mirada de soslayo, girando hacia ella las zonas exteriores de la retina (más sensibles que la interior a las impresiones de luz más débiles), se la capta con mayor nitidez, se tiene la mejor perspectiva de su brillo, un brillo que se empaña a medida que centramos nuestra visión totalmente sobre ella. En este último caso, caen realmente sobe el ojo un gran número de rayos, pero en el primero hay una capacidad de captación más refinada. Por una profundidad indebida perturbamos y debilitamos el pensamiento; y es posible hasta borrar al propio Venus del firmamento si lo miramos de modo demasiado sostenido, demasiado concentrado, o demasiado directo.
Calcular no significa por sí mismo analizar; no se debe tomar por necesariamente profundo lo que es complejo; y no se debe caer en un exceso de profundidad, para no empañar el pensamiento. Esta síntesis de los conceptos vistos conforma principios para crear la actitud mental de un investigador, pero digo investigador en un sentido muy amplio, pues todos nos enfrentamos a problemas o enigmas de diversa índole regularmente. Es lógico que no cada minuto de cada día lo pasa uno investigando, aunque el cerebro incluso pasivamente recaba información que puede llegar a ser investigativamente útil; pero me refiero a que hay momentos en que las acciones decididas se desprenden casi por completo de la actitud investigativa, dado que tal desprendimiento es necesario para enfocarse en el aquí y ahora de una acción específica y ejecutarla correctamente (e.g.: un cirujano que está operando no tiene que tener una actitud investigadora, sino ejecutiva; sólo si ocurriera un imprevisto –uno absoluto, del tipo que ni siquiera estaba contemplado como riesgo posible– sería necesario cambiar brevemente de actitud para hacer una rápida investigación, puramente mental y aún con el escalpelo en la mano, sobre qué puede estar ocurriendo y cómo resolverlo, recurriendo a los conocimientos que de su estudio y experiencia tiene a su alcance en ese momento determinado).
Ahora bien, no debe confundirse el evitar caer en el exceso de profundidad con no seguir una línea hasta las últimas consecuencias:
Ahora, habiendo llegado a esta conclusión de forma tan inequívoca como lo hemos hecho, no podemos, como razonadores, rechazarla basándonos en imposibilidades aparentes. Sólo nos queda probar que estas aparentes "imposibilidades" no lo son en realidad.
Fue por esto por lo que Dupin continuó investigando una zona específica del lugar de los asesinatos (un clavo de una ventana), cosa que la policía no había hecho porque esta sí cayó en la imposibilidad aparente debido a la falta de un razonamiento que sostuviera su búsqueda, pues sólo habían buscado por buscar qué podían encontrar:
Había rastreado el secreto hasta sus últimas consecuencias, y estas estaban centradas en el clavo. Tenía, como dije, en todos los aspectos, la misma apariencia que su gemelo de la otra ventana; pero este hecho era totalmente nulo (por muy concluyente que pudiera parecer) frente a la consideración de que aquí, en este punto, terminaba la pista. "Algo debe estar mal en este clavo", me dije.
Efectivamente, algo estaba mal con el clavo, pero fue el método de Dupin el
que le permitió que ni siquiera se frustrara un momento cuando se topó con la
posteriormente demostrada aparente imposibilidad. Empero, este control
emocional, aunque beneficioso, es en realidad secundario, porque sería posible
que ante la imposibilidad aparente a uno le nacieran espontáneamente las dudas
sobre si habría o no cometido un error en su razonamiento o en si habría
alguna premisa que no hubiera tenido en cuenta; lo importante es no dejar que
esas dudas pasen de hacer que uno revise su razonamiento, y que no le impida
seguirlo hasta sus últimas consecuencias. En este sentido, como dice Sherlock
Holmes:
...cuando has eliminado lo imposible, lo que queda, por muy improbable que
parezca, tiene que ser la verdad
[La Corona de berilos]. Y así vamos al tema de las probabilidades, a lo que Poe dedica unos cuantos párrafos.
Las probabilidades tienen una gran importancia en los cuentos de Poe de El Misterio de Marie Roget, en Escarabajo de oro y en El gato negro. En el último, el narrador protagonista está en la duda de si lo que le ha ocurrido se debe a una serie de coincidencias extraordinarias o a algo sobrenatural (y su sentido de culpa por sus acciones lo inclinan a pensar que lo ocurrido es un castigo sobrenatural); en el Escarabajo de oro, William Legrand, amigo del narrador y quien tiene la iniciativa en la historia, reconoce que la búsqueda del tesoro sólo fue posible debido a una serie de coincidencias que lo hicieron descubrir la pista primaria por accidente; y en Marie Roget, navegar en el mar de las probabilidades es en lo que consiste el largo discurrir de Dupin, navegación que hace a partir de toda la información que suministran los periódicos para resolver un caso cuya dificultad estriba en que es uno mucho más común que el la calle Morgue. Así, en Marie Roget, el narrador anónimo comienza:
Pocos habrá, aún entre los pensadores más serenos, que no se hayan visto en ocasiones sorprendidos al ver que, de modo vago pero inquietante, creían a medias en lo sobrenatural, a causa de coincidencias de un carácter tan aparentemente maravilloso que el intelecto era incapaz de aceptarlas como meras coincidencias. Tales sentimientos, pues las semicreencias de que hablo jamás tienen la fuerza total del pensamiento, tales sentimientos difícilmente se logran sofocar por completo, a menos que se acuda a la doctrina del azar, o como técnicamente se la denomina, al cálculo de probabilidades. Más tal cálculo es, en su esencia, puramente matemático, y así nos vemos ante la paradoja de que haya de aplicarse lo más estrictamente exacto de la ciencia a la vaguedad y la espiritualidad de lo más intangible del campo de la especulación
Y Dupin luego dice:
La historia del conocimiento humano ha mostrado de forma tan ininterrumpida que los sucesos colaterales o incidentales o accidentales han producido los descubrimientos más numerosos y notables, que se ha hecho al fin necesario, cuando se intenta tener una visión progresiva, conceder no un crédito grande sino el mayor a las invenciones que surgen de la casualidad y absolutamente fuera del nivel de las previsiones ordinarias. [Piénsese en el descubrimiento "accidental" de la penicilina por Alexander Fleming: el "accidente" que causó que un hongo destruyera las bacterias que estaba estudiando fue posible porque estaba estudiando las bacterias en primer lugar, y que ocurran accidentes es parte de la condición humana porque la concentración y la atención no son constantes, sin mencionar factores azarosos que sean externos a los propios investigadores] No es ya más filosófico basarse en lo que ha sido una visión que en lo que ha de ser. El accidente se admite como una parte de la subestructura. Hacemos la casualidad objeto de cálculo preciso. Sometemos lo imprevisto y lo inimaginado a las fórmulas matemáticas de las escuelas.
Y al finalizar el relato, retoma el narrador anónimo:
Se comprenderá que hablo de coincidencias y de nada más. […] Respecto a la última parte de la suposición [el paralelismo entre el caso de Marie Roget y el de Mary Cecilia Rogers, caso este último ocurrido en Nueva York y en el que se basó Poe para escribir su cuento] ha de tenerse en cuenta que la más ligera variación de los hechos de los dos casos podría llevar a los más graves errores, al separar totalmente las dos series de acontecimientos; igual que en aritmética un error que, por sí mismo, podría considerarse despreciable, produce al final, a fuerza de multiplicarse en todos los puntos del proceso, un resultado muy distinto del verdadero. Y en cuanto a la primera cuestión, hemos de tener en cuenta que el mismo cálculo de probabilidades al que me he referido, impide toda idea de extensión del paralelismo, la impide vigorosa y decididamente justo en proporción a la extensión y exactitud de dicho paralelismo. Es ésta una de esas proposiciones anómalas que, dirigiéndose en apariencia a un pensamiento por completo al margen de las matemáticas, sólo un matemático puede resolver cumplidamente. Por ejemplo, nada es más difícil que convencer al mero lector de que el hecho de que hayan salido dos veces sucesivas seises en el juego de los dados, es causa suficiente para apostar a que será muy improbable que salgan en una nueva jugada. Una sugerencia de este género es usualmente rechazada de plano por el intelecto. No se ve razón alguna por la que dos jugadas terminadas, y que yacen por completo en el pasado, puedan ejercer influencia sobre una jugada que sólo existe en el futuro. La posibilidad de sacar seises parece exactamente la misma que existía antes, es decir, sólo estará sujeta a la influencia de las otras muchas jugadas que pueden salir. Y esta es una reflexión que parece tan obvia que las tentativas de discutirla son casi siempre recibidas a una atención respetuosa. No puedo pretender aquí, dados los límites que tengo asignados, exponer la naturaleza de este error, un error grosero que produce graves daños; para los que entienden de filosofía no necesita explicación. Ha de ser suficiente el que diga que forma una de las series infinitas de errores que surgen en el camino de la razón debido a la tendencia de ésta a buscar la verdad en el detalle.
Mis reseñas de las historias de Poe mencionadas, que tienen las fichas de los libros:
RESEÑA DE LOS CRÍMENES DE LA CALLE MORGUE
RESEÑA DE EL MISTERIO DE MARIE ROGET
lunes, 9 de noviembre de 2020
RESEÑA DE LAS AVENTURAS DE SHERLOCK HOLMES
Las aventuras de Sherlock Holmes
El primer grupo de historias cortas de Sherlock Holmes
Todas las historias están narradas por Watson en tercera persona. En varias de las historias no hay delito alguno, por lo menos en términos legales, y Holmes felicita a Watson por saber elegir entre los casos interesantes aunque no haya delito, en vez de los más sensacionalistas. Aunque algunas historias me gustaron más que otras, todas son excelentes, con la única excepción de la última, que es la me que me gustó menos porque Holmes participa poco aunque la historia es larga.
Escándalo en Bohemia
Usted ve, pero no observa. La diferencia es evidente
Uno de los casos en los que Sherlock Holmes falló (aunque su cliente lo
recompensa de todos modos porque el resultado parcial fue suficiente) y, de
acuerdo a Watson, significó una especie de punto de inflexión en la estimación
que Holmes hacía de la inteligencia de las mujeres, inteligencia de la que
solía burlarse pero últimamente no le he oído hacerlo
, aunque yo creo, por
comentarios que Sherlock hace en otras historias sobre las mujeres, que su
pensamiento estaría orientado hacia una superficialidad de las mujeres mas que a su capacidad; por
ej., en una ocasión dijo que sospechó de una mujer porque ella se había puesto
a contraluz, por lo que pensó que quería ocultar sus expresiones faciales para
ocultar sus pensamientos, y resultó que simplemente no quería que se le viera
que no se había terminado de maquillar; y, por otra parte, como ya visto en La
señal de los cuatro respecto a Mary Morstan, no tiene problemas en reconocer
la inteligencia de clientes mujeres una vez que las conoce por sus relatos.
De vuelta al presente caso, este también muestra explícitamente que a Holmes y
Watson no les importa infringir la ley y exponerse a ser detenidos si es por
una buena causa
. El cliente aquí es un rey y se menciona también que SH ha
servido a la familia real de Holanda, así como que la prensa publicaba
intervenciones de SH en resolver casos; es decir, el talento del detective consultivo ya
era reconocido ampliamente.
La liga de los pelirrojos
Al nuevo cliente de Holmes le ha ocurrido uno de los sucesos más extravagantes de las historias holmesianas, y al principio no se ve delito alguno; no lo ven ni él ni Watson, pero Holmes piensa pronto que lo hay y que se enfrenta a un plan de alguien a quien considera el cuarto hombre más inteligente de Londres y tercero en audacia, y tarea suya será predecir el siguiente movimiento para poder atraparlo.
Un caso de identidad
Una joven le pide a Sherlock que encuentre a su prometido, desaparecido del carruaje que lo transportaba a su casamiento. Holmes identifica fácilemente el caso como similar a otros en su conocimiento de la literatura criminal y se las ingenió para conseguir las pruebas que confirmaron su teoría de los hechos.
Ocurre aquí uno de los hechos más indeleblemente memorables de todas las historias de Sherlock Holmes cuando este se enfurece contra el culpable de lo ocurrido a su cliente y lo amenaza con darle de latigazos (y me escribió a fuego en la mente la primera expresión que soltó en su acaloramiento, “¡Por Júpiter!”)
El misterio de Boscombe Valley
Watson recibe un telegrama de Holmes pidiéndole que lo acompañe en un viaje en
tren al oeste de Inglaterra para solucionar un caso de asesinato, el cual
Holmes comienza, tras leer los diarios y el reporte del juicio, con la
suposición de que el sospechoso –que lo es mucho ante todos– es inocente
porque tan pronto le atribuyen demasiada imaginación como demasiado poca
.
Pero aún con eso, el principal factor por el que Holmes prevalece sobre
Lestrade para descubrir la verdad es su trabajo de análisis sobre la escena
del crimen, como en tantas otras ocasiones, aunque luego elige no seguir –tras
darle su oportunidad a Lestrade– los canales oficiales para llevar al criminal
a la justicia.
Las cinco semillas de naranja
Un joven llega a Baker Street para pedirle a Sherlock Holmes ayuda contra una conspiración misteriosa que se ha llevado las vidas de su tío primero y de su padre después, y ahora le ha llegado la misma amenaza que les había llegado a ellos: un sobre con una orden sobre ciertos papeles, y en el sobre, firmado por KKK, hay cinco semillas de naranja…
Spoiler
El signo del Ku Klux KlanHolmes dice aquí que ha sido vencido cuatro veces: por tres hombres y una mujer.
El hombre del labio retorcido
Watson va a sacar de un fumadero de opio a un amigo y, para su sorpresa, se encuentra allí a Holmes, disfrazado. Sherlock está allí esperando encontrar alguna pista sobre el destino de alguien que desapareció allí y, aparentemente, qué ha ocurrido es algo que sólo saben el dueño de ese fumadero y un mendigo con el labio retorcido.
El carbunclo azul
Watson visita a Holmes dos días después de Navidad y se encuentra con que está examinando un sombrero de alguien por identificar, aunque sin que haya delito alguno de por medio. Sherlock –contrario a Watson– puede hacer unas buenas suposiciones sobre la personalidad del dueño, y su identidad cobra mucha importancia cuando se descubre dentro del ganso junto al que se había encontrado el sombrero una valiosa piedra preciosa robada.
Spoiler
Holmes indultará al criminal al final con la esperanza de “salvar el alma” de este. Y en la serie protagonizada por Jeremy Brett, lo que en el libro dice con calma, que la policía no le paga para cubrir sus deficiencias, en el la serie lo grita con enojo… y ambas cosas me gustan.La banda de lunares
¿Lo ve, Watson? –gritaba- ¿Lo ve?
Uno de los momentos que me resultaron de mayor clímax de las historias
holmesianas.
Una joven le pide ayuda a Holmes porque teme que la muerte por medios desconocidos que le acaeció años atrás a su hermana gemela le ocurra ahora también a ella debido a extrañas cosas que ocurren últimamente en su casa. Y ocurre un momento que resulta gracioso por cómo Holmes se toma la irrupción en Baker Street del padrastro iracundo de la chica luego de que ella se fuera, que a su vez demuestra que se la ven con alguien muy peligroso. Este caso crea una de las mejores atmósferas de suspenso para el momento decisivo.
El dedo pulgar del ingeniero
Tal y como Watson advierte al principio de su relato, este ofreció poca oportunidad para que Holmes demostrara sus talentos. Por ende, es más bien una historia de suspenso de cómo el ingeniero que apareció en el consultorio de Watson con un pulgar menos llegó a ese estado.
El aristócrata solterón
El cliente de Sherlock Holmes en esta ocasión es un noble importante cuya esposa desapareció al poco rato de casarse. Holmes, no obstante, resolvió el caso sólo leyendo los diarios y a partir de sus conocimientos de la literatura criminal, antes de que St. Simon llegara para contarle los hechos, y sus preguntas al noble sirvieron para confirmárselo. Este caso contiene uno de los momentos más divertidos de todas las historias de SH debido a la gracia que le causan a Sherlock las ideas de Lestrade para intentar resolverlo, con una burla épica además:
Spoiler
Lestrade: ...me pareció que si la ropa estaba allí, el cuerpo no se encontraría muy lejos.Holmes: Según ese brillante razonamiento, todos los cadáveres deben encontrarse cerca de un armario ropero.
La corona de berilos
Uno de los mejores. La corona del título, entregado como garantía a un prestamista, ha sido parcialmente robada por el hijo del mismo; parcialmente porque no falta toda la corona, sino una parte de ella con tres de sus berilos. El prestamista acude desesperado a Sherlock Holmes para que lo salve a él y a la ilustre figura británica que le había entregado la corona, creyendo que su propio hijo es en verdad un ladrón, y Holmes investigará todo con su habitual método y frialdad.
El misterio de Copper Beeches
Este caso trata sobre una joven institutriz que pide consejo a Holmes relativo
a un trabajo rodeado de extrañas circunstancias. En el caso en sí Holmes tuvo
muy poca participación, pero sí está la opinión de Sherlock sobre las
elecciones literarias de Watson en lo relativo a sus casos, además de la frase:
Datos, datos, datos! ¡No puedo hacer ladrillos sin arcilla!
sábado, 18 de abril de 2020
RESEÑA DE LA SEÑAL DE LOS CUATRO
La señal de los cuatro La segunda historia de Sherlock Holmes
Nota de color: Es en los días anteriores a hacer esta entrada que leí por primera vez la versión completa de La señal de los cuatro. Hace creo que dos años me enteré, por leer unas páginas de esta historia en su versión original en inglés en wikisource, de que la censura que ya sabía que tenía mi libro de La señal de los cuatro respecto a que Holmes toma cocaína era mucho mayor de lo que creía; creía que era cosa de una línea, pero vi que es una buena parte del capítulo, pero además hay un par de cosas más que están inexplicadamente quitadas. Esto me había enojado mucho como pocas veces cuando me di cuenta, debido a tal censura sin ninguna advertencia en el libro, pero esperé a comprar y leer la historia sin censura en el libro de la foto de esta entrada, que era el último que me faltaba de esa edición de las historias completas de Sherlock Holmes.
Otra nota de color: evidentemente, tengo mala suerte: incluso en el libro de la foto de esta entrada hay algo que falta: en uno de los capítulos finales, se menciona a Winwood Reade; este nombre no estaba en el primer libro, censurado, que había leído de La señal de los cuatro. Tras leerlo en el de arriba y guglearlo, me entero de que Holmes también lo menciona en el primer o segundo capítulo, y, al fijarme en la versión original de wikisource, veo que se refiere a un libro suyo (El martirio del hombre) como uno de los mejores jamás escritos, algo que es no pequeño elogio, además de que, probablemente, sea la misma opinión de Conan Doyle.
Reseña de Estudio en escarlata
viernes, 20 de marzo de 2020
RESEÑA DE LOS CRÍMENES DE LA CALLE MORGUE
El origen del cuento policial de enigma y del primer detective, C. Auguste Dupin
[Narrador] "No debe confundirse el poder de análisis con el simple ingenio, pues mientras el analista es necesariamente ingenioso, el ingenioso es a menudo notablemente incapaz de análisis".
[Dupin] "Empañaba su visión al mantener el objeto demasiado próximo. Podía ver, quizás, uno o dos puntos con sólida claridad, pero al hacerlo así, necesariamente perdía la visión del asunto como un todo. Y es que existe algo que podemos llamar exceso de profundidad. La verdad no está siempre en un pozo. De hecho creo que el conocimiento más importante es invariablemente superficial".
El origen del género
"Está generalmente aceptado que, aunque sus antecedentes se remontan más atrás en el tiempo, el género policíaco como tal nació en el siglo XIX de la mano de Edgar Allan Poe, al crear al detective Auguste Dupin en su relato Los crímenes de la Calle Morgue.Dupin fue el primer detective de ficción, el cual sirvió de modelo a Arthur Conan Doyle para dar vida al “más famoso detective de todos los tiempos”: Sherlock Holmes, que constituye por excelencia el protagonista arquetípico de las novelas policíacas".[1]
El cuento
Conclusión
Reseña de El misterio de Marie Roget
Reseña de La carta robada
[1]http://www.bne.es/es/Micrositios/Guias/novela_policiaca/Introduccion/
domingo, 2 de febrero de 2020
RESEÑA DE ESTUDIO EN ESCARLATA
Estudio en escarlata La primera aparición de Sherlock Holmes
Autor: Arthur Conan Doyle
Año de publicación original: 1887
Terramar ediciones, 2004, Buenos Aires
ISBN: 987-21402-4-3
La primera aparición de Sherlock Holmes constituye uno de mis libros favoritos. Tenía entre ocho y diez años cuando lo leí por primera vez. Le regalaron a mi hermano Estudio en escarlata y La señal de los cuatro y como había escuchado de él como el gran detective de todos los tiempos en Scooby Doo y, sobre todo, en Detective Conan, los leí con mucho entusiasmo por conocer al personaje (aun cuando ya había leído una versión resumida de Estudio en escarlata que había salido en un libro de colección de clásicos para niños de la revista Genios, pero no recuerdo que me hubiera resultado particularmente interesante), y si no lo he releído todos los años, el promedio no debe estar lejos. Aunque es cierto que, en cierto modo, creo que sólo una vez lo he leído entero: el libro está compuesto por una primera y tercera partes donde narra el doctor Watson, mientras que en la segunda hay un narrador en tercera persona que cuenta el pasado del criminal que Holmes atrapa al final de la primera parte, pero esta segunda parte puede saltarse y no afecta en nada a las otras dos, ya que funciona como una novela corta independiente –que me había parecido aceptablemente buena, creo recordar, pero no es una historia de Sherlock Holmes–, además de que Holmes y Watson no se enteran jamás de lo narrado en esa parte, excepto un poquito por lo que el propio criminal cuenta en la tercera en la estación de policía.
El verdadero tema de estudio para la humanidad es el hombre.
Reseña de La señal de los cuatro
Reseña del primer cuento de Dupin




