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lunes, 11 de julio de 2022

Reseña de LA SOMBRA DE POE

La sombra de Poe, por Matthew Pearl



Ficha

La Sombra de Poe (The Poe Shadow)
Autor: Matthew Pearl
Trad: Vicente Villacampa
1ed, Buenos Aires, Seix Barral, 2006


La historia comienza con flashforward donde el protagonista, Quentin Hobson Clark, abogado en Baltimore y “apasionado de la lectura” está siendo juzgado por algo sin revelar aún, y en circunstancias que revelan que cosas muy malas le han acaecido.

Posteriormente, nos sitúa en el 8 de octubre de 1849, donde Quentin presencia un entierro que le impacta por la tristeza de la escena –con muy poca gente, que tampoco muestra gran pesar–. Al día siguiente se entera que se trataba del entierro de su autor favorito, Edgar Allan Poe, con quien, además, había estado intercambiando algunas cartas.

Quentin me provocó simpatía desde el comienzo por su idealismo: es el más idealista de su entorno, le gustaría defender algo que sepa que es justo o valioso, más allá del dinero, que es la razón por la que se ofreció a Poe en sus cartas con él como su asesor legal. Mi simpatía disminuiría por su posterior accionar, a partir de la tercera de las cinco partes de la obra, debido a que es totalmente superado por la situación: va a los tumbos sin casi entender nada, con más emocionalidad que la que correspondería a un admirador de C. Auguste Dupin que trate de desentrañar un misterio (Dupin es el protagonista de tres relatos de Poe donde se configura el moderno policial de enigma que Conan Doyle perfeccionaría y populizaría con Sherlock Holmes), aunque más avanzada la quinta parte se redime un poco de esto comenzando a atar cabos por sí mismo.

Ahora bien, lo que lo motivó en su accionar fue, por un lado, su irritación ante que las vilipendiadas que ya aparecían en la prensa contra Poe antes de su muerte se magnificaron con posterioridad a esta; y, por otro lado, que la muerte de Poe estuvo rodeada de misterios: estuvo llamando en sus últimas horas en el hospital a un tal Reynolds que no se pudo identificar, se lo encontró con ropas raídas que no eran de su talla, y varias cosas más. Quentin empieza a indagar, no con decisión de realizar una gran investigación al principio, sino con la de “a ver si descubro algo”. Termina descubriendo que el misterio es demasiado profundo para él, pero entonces llega a sus manos un recorte de diario que habla de que el genial Dupin estuvo basado en una persona genial y real de Francia, y entonces, Quentin parte en su busca para traerlo a Baltimore y que resuelva el misterio.

Sin embargo, se topará con un problema inesperado: el penúltimo hombre que descartó entre los posibles inspiradores de Dupin, el barón Claude Dupin, no acepta su rechazo luego de que Quentin le comunique que ha cambiado de opinión y que pasó a considerar que Auguste Duponte es “el verdadero” Dupin, y el barón, abogado de artes sucias caído en desgracia y acuciado por graves problemas financieros que ponen su vida en peligro, parte por su cuenta a Estados Unidos para resolver el misterio y hacerse de dinero y de su fama perdida.

Por otro lado, el elegido de Quentin, Duponte, está viviendo apartado del mundo y no muestra interés en la muerte de Poe, aunque tolera la presencia de Clark, quien intenta “despertarlo” de la especie de sopor o indiferencia suprema que él tiene. Finalmente, van juntos a Baltimore. Así, se desata la competencia entre dos posibles Dupin, pero hay detrás de ella más de lo que Quentin puede ver al principio.

Las mejores cosas del libro son: la primera parte de este, donde Clark está solo; a las particulares personalidades de los candidatos a Dupin y de la esposa del barón, Bonjour; y a los capítulos donde se comparan las conclusiones sobre la muerte de Poe a la que llegaron los dos candidatos a Dupin. La competencia intelectual que se desata entre el barón y Duponte también es de lo mejor del libro y, sin embargo, también es donde narrativamente el buen ritmo que tenía empieza a sufrir problemas.

El autor demuestra un gran manejo de la lengua y hay una gran reconstrucción histórica de Baltimore y las circunstancias de la época, pero algunas desiciones estilísticas dejan algo que desear: hay molestos saltos temporales,   pues algunos son hacia adelante y luego vuelve hacia atrás, aparentemente con el propósito de acomodarse a que el protagonista narrador en primera persona hace la narración, en cierto modo, a medida que la recuerda, pero el efecto es más molesto que lo que aporta en verosimilitud. Indicando que Pearl sabía muy bien lo que estaba haciendo aunque no alcanzara, para mí, el efecto que buscaba, Clark dice en un momento (p226): "Pero veo que he dado un salto excesivo adelante, como tiendo a hacer. Reconstruiré mis pasos antes de regresar al diálogo anterior".

También, aunque comienza con fluidez y ritmo veloz, a partir de la segunda parte la historia comienza a volverse más esquemática y menos fluida.

No obstante esos defectos, la novela valdría la pena aunque sólo fuera por el personaje de Auguste Duponte, el candidato entre los posibles inspiradores para el literario Dupin que Quentin Clark selecciona como el que debe haber sido tal inspirador, y también por la larga y bien hilada explicación dada por el final de la obra a la muerte de Poe (aunque también aquí se hace patente otro defecto que ocurre algunas veces, el de tratar de dar más impacto o sorpresa que la que se ajusta a la situación).

Finalmente, el último capítulo, por otro lado, tiene un buen cierre, con un tono de conclusión y seminostalgia

No es necesario haber leído a Poe antes de leer este libro, aunque haberlo hecho suma a su disfrute (leer Los crímenes de la calle Morgue antes es recomendable para que no les pase como a mí, que me lo espoileó).

Un par de frases:

[Quentin Clark] El nombre de Poe debe ser rehabilitado. Rescatado de una eternidad de injusticia.
[Duponte] Los periódicos casi siempre están equivocados acerca de todo. Si encontrara usted alguno de los principios de su religión impresos en una página, sería hora de considerar su forma de dar culto a Dios

Reseña de Los crímenes de la calle Morgue 

Poe y la inteligencia y el análisis

domingo, 20 de febrero de 2022

EL SEÑOR SHERLOCK HOLMES POR EL DOCTOR JOSEPH BELL

Traducción del ensayo del doctor Joseph Bell EL SEÑOR SHERLOCK HOLMES



https://pixabay.com/es/photos/londres-sherlock-holmes-244261/

Esta es una traducción mía que había hecho hace, creo, como dos años, como práctica cuando me estaba preparando para dar el examen de inglés de Cambridge B2 First. La versión en su idioma original la leí por interés propio y este fue validado por el Dr. Bell, quien no sólo escribía muy bien a juzgar por este ensayo (aunque faltarían más puntos aparte), sino que hace el desarrollo del tema de un modo muy interesante. La versión original está aquí: https://en.wikisource.org/wiki/A_Study_in_Scarlet_(London:_Ward,_Lock_%26_Co.) 

Sin más, aquí está mi traducción al español:

Nota del editor de la edición de Ward, Lock and Co. Limited

Como fue en Estudio en escarlata que el señor Sherlock Holmes fue presentado  al público, así como sus métodos de trabajo descritos, se nos ocurrió a quienes publicamos ese volumen que un ensayo sobre Sherlock Holmes que el viejo maestro del doctor Doyle, el doctor Joseph Bell, el inspirador de Sherlock Holmes, publicó recientemente en The Bookman, sería de gran interés para los lectores que no lo vieron cuando apareció en esa publicación.

El doctor Doyle, su pupilo, nos dice en las páginas del Strand Magazine que los “poderes intuitivos” del doctor Bell al tratar con sus pacientes eran “simplemente, maravillosos”.

—Ante un caso número uno, el Dr. Bell dice: “Veo que padece usted la bebida. Incluso lleva una botella en el bolsillo interior del pecho de su abrigo”.

>>Ante otro caso: “Veo que es zapatero”, y se dirigiría a sus estudiantes, señalándoles que el costado interior de sus pantalones a la altura de la rodilla estaba desgastado; ese era el lugar donde el hombre ponía su apoyo para trabajar zapatos… Una peculiaridad sólo encontrada en zapateros.

>>Todo esto me impresionó mucho. Lo veía habitualmente de cerca, con sus afilados, penetrantes ojos, nariz aguileña y rasgos destacados. Se sentaba en su silla con los dedos cruzados (y era muy hábil con sus manos) y simplemente miraba al hombre o mujer enfrente de él. Era muy amable y atento con sus estudiantes, verdaderamente un buen amigo, y para cuando me gradué y fui a África, la remarcable individualidad y la habilidosa percepción de mi viejo maestro habían dejado un profundo y permanente recuerdo en mí, aunque no tenía ni la menor idea de que eso me llevaría un día a abandonar la medicina por la escritura.

Que, efectivamente, llevó al Dr. Doyle a “abandonar la medicina por la escritura” y con qué resultados, todo el mundo lo sabe. Y como el señor Sherlock Holmes se ha convertido en una palabra cotidiana y casi en una institución pública, los editores de Estudio en escarlata esperamos que el siguiente ensayo, que contiene algunos elementos de la educación inicial y entrenamiento del Dr. Doyle y de las circunstancias que lo llevaron a formar el hábito de la observación atenta, será de interés para sus muchos lectores. Un cordial agradecimiento es debido al Dr. Doyle y al Dr. Bell, y al editor y propietarios de The Bookman por consentir cortésmente a la reproducción del ensayo.


EL SEÑOR SHERLOCK HOLMES
POR EL DOCTOR JOSEPH BELL

No es del todo una mala señal de este agonizante siglo que se acaba que en esta, su última década, incluso los pobres comunes de la calle están comenzando, como dicen las enfermeras, a avivarse [to take notice]. Una insaciable y, por lo general, lasciva curiosidad respecto a las acciones de la clase inmediatamente sobre nosotros es complacida por las revistas, y es incluso alentada por los diarios. Tal información carece de valor intelectual y tiende a la degradación moral; no ejercita ninguna habilidad y pauperiza la imaginación. Las celebridades, las ilustradas entrevistas y los distintos niveles de escándalos sociales simplemente apaciguan el picor del oído de los chismosos. Memorias, evocaciones, anécdotas del bar o de la academia son muchos más interesantes, y tal vez sean útiles para complementar la historia, pero aun así sólo son usadas por diversión y para matar el tiempo, cuyo valor olvidamos. Pero en los últimos años ha habido un alza en la demanda por libros que, aunque ciertamente de un modo pobre, alientan el pensamiento y estimulan la observación. Toda la serie de The Gamekeeper at Home y sus imitaciones abrieron los ojos de los citadinos, que habían olvidado o nunca conocieron a White de Selborne, a las deliciosas vistas y sonidos que fueron la cosecha del ojo y oído abiertos. Algo del mismo interés es dado a “la horrible calle de la ciudad atestada” [verso del poema El vuelo de la duquesa] por las sugestiones de crimen y romance, de curiosidad y su gratificación, que encontramos escritas, con mayor o menor inteligencia, en la enorme masa de la así llamada literatura de detectives que invade la prensa. Cada puesto de libros tiene su shocker de un chelín [algo que asombra o emociona, cercano a la denominación con que en el español de hoy se usa thriller], y cada revista que circule debe tener su misterio de robo o de asesinato. La mayoría de estos son materiales bastante pobres; argumentos complicados que pueden ser resueltos en el primer capítulo, coincidencias extraordinarias, detectives con dones preternaturales que hacen descubrimientos más o menos inútiles en instantes de epifanías que nadie más puede entender; estas cosas cansan por su semejanza, y su interés, así como es, se centra sólo en los resultados y no en los métodos. Podemos admirar a Lecocq [sic; Lecoq es un detective ficcional francés], pero no nos vemos a nosotros mismos en sus zapatos. El doctor Conan Doyle ha tenido un bien merecido éxito con sus historias de detectives y ha vuelto el nombre de su héroe amado por los muchachos de este país por la maravillosa inteligencia de su método. Él muestra qué fácil es, si uno tan sólo observa, averiguar un montón de cosas sobre los hechos y hábitos de los amigos inocentes e inconscientes y, por extensión del mismo método, sorprender al criminal al develar el método de su crimen. No hay nada nuevo bajo el sol: Voltaire nos enseñó el método de Zadig, y todo buen maestro de medicina o cirugía ejemplifica todos los días en su enseñanza y práctica el método y sus resultados. El preciso e inteligente reconocimiento y apreciación de diferencias mínimas es el factor verdaderamente esencial en todos los diagnósticos médicos exitosos. Llevado a la vida ordinaria, y dada la presencia de una insaciable curiosidad y habilidades de percepción muy aguzadas, tenemos a un Sherlock Holmes que impresiona a su algo lento amigo Watson; agregando un entrenamiento especializado, tenemos a Sherlock Holmes, el hábil detective.

La educación del Dr. Doyle como estudiante de medicina le enseñó cómo observar, y su práctica, tanto como médico general y como especialista, ha sido un espléndido entrenamiento para un hombre como él, dotado con ojos, memoria e imaginación. Ojos y oídos que pueden ver y oír, memoria para retener al instante y para evocar a placer las impresiones de los sentidos, y una imaginación capaz de tejer una teoría, o componer una cadena rota, o desenredar una pista enmarañada, tales son los implementos del oficio de un diagnosticador exitoso. Si además el doctor tiene un talento natural para contar historias, entonces es una simple cuestión de elección que escriba historias de detectives o que emplee sus fuerzas en un gran romance histórico como La compañía blanca. Syme, uno de los más grandes profesores de diagnóstico quirúrgico que ha habido, tenía una ilustración favorita que, como una tradición de la escuela, ha dejado una marca en el método del Dr. Conan Doyle: “Trate de aprender los rasgos de una enfermedad o de una herida tan precisamente como conoce los rasgos, la manera de caminar y los manerismos de su más íntimo amigo”. A un amigo puede reconocerlo al instante, incluso si está inmerso en una multitud; puede ser una multitud de hombres vestidos igual, cada uno con ojos, nariz, pelo y brazos y piernas; en todo lo esencial se parecen el uno al otro, sólo en minucias difieren; y aun así, al conocer bien estas minucias, puede hacer su diagnóstico o reconocimiento fácilmente. Así ocurre también con las enfermedades de la mente, o del cuerpo, o de la moral. Las peculiaridades étnicas, los manerismos hereditarios, el acento, la ocupación o el deseo por ella, la educación, los ambientes de todo tipo, por sus pequeños y triviales efectos van, gradualmente, moldeando o cincelando al individuo, y dejan huellas, o las marcas del cincel, que un experto puede reconocer. Las grandes características que de un vistazo pueden ser reconocidas como indicadoras de enfermedades del corazón o de tuberculosis, de alcoholismo o de pérdida continua de sangre, son la propiedad común de todos los principiantes en medicina, mientras que para los maestros en el arte hay una miríada de signos elocuentes e instructivos, pero que necesitan del ojo educado para ser detectados. Un libro de gran tamaño y muy valioso ha sido escrito hace poco sobre un solo síntoma, el pulso; para cualquiera que no sea un médico entrenado, parecería un absurdo tan grande como lo es el inmortal tratado de Sherlock Holmes sobre las ciento catorce variedades de cenizas de tabaco. El salto más grande que se ha dado en los últimos años en la medicina preventiva y en la medicina diagnóstica consiste en el reconocimiento y diferenciación por la investigación bacteriológica de esos diminutos organismos que diseminan el cólera y la fiebre, la tuberculosis y el ántrax. La importancia de lo infinitamente pequeño es incalculable. Envenene un pozo en la Meca con el bacilo del cólera y toda el agua sagrada que los peregrinos cargan en sus botellas infectará un continente, y las noticias de las víctimas de la plaga aterrorizarán todo puerto de la cristiandad.

Entrenado como lo ha sido para notar y apreciar cada minúsculo detalle, el Dr. Doyle vio que podría interesar a sus inteligentes lectores revelándoles su secreto y mostrando su modo de trabajar. Creó un hombre astuto, inquisitivo y de vista rápida, a medias un doctor y a medias un excelente artista, con un montón de tiempo libre, una memoria retentiva, y que tiene tal vez el mayor don de todos: el poder de desocupar la mente de todo el esfuerzo de tratar de recordar detalles innecesarios. Holmes le dice a Watson: “Una persona debería mantener su pequeño ático del cerebro ocupado con el mobiliario que es probable que utilice, mientras que el resto puede ponerlo en la habitación de reservas de la biblioteca, donde puede agarrarlo cuando quiera”. Pero para él, los triviales resultados que causa el ambiente, los signos que marcan los trabajos manuales, las señales del oficio, los incidentes de viajar, tienen un vivo interés porque tienden a satisfacer una curiosidad insaciable, casi inhumana por impersonal. El Dr. Doyle pone al hombre en la posición de un amateur, y por ende sin responsabilidades, un detective que es consultado en todo tipo de casos y luego nos deja ver cómo trabaja. Hace que Holmes le explique al buen Watson los triviales, o aparentemente triviales, eslabones en su cadena de evidencias. Estos son inmediatamente obvios una vez explicados, y tan fáciles una vez que se los conoce, que el ingenuo lector siente al instante, y se lo dice a sí mismo, que él también podría hacer eso; que la vida no es tan deslucida, después de todo, y que si mantiene sus ojos abiertos descubrirá cosas. El reloj de oro, con su cerradura arañada y las marcas de los prestamistas, dijo una historia muy simple sobre el hermano de Watson; el polvoso y viejo sombrero hongo reveló que su dueño había caído en la bebida algunos años atrás y que se había cortado el pelo anteayer; la pequeña espina y la atemorizante huella que no era ni de un niño ni de un mono permitieron a Holmes identificar y capturar al isleño de las Andaman. Sin embargo, después de todo, uno dice que no hay nada maravilloso; que todos podríamos hacer lo mismo.

Los médicos, todos los días, en sus examinaciones del paciente más humilde, deben hacer un proceso de razonamiento similar, rápido o lento según las ecuaciones personales de cada uno, casi automático en el hombre experimentado, trabajoso y a menudo errático en el principiante, pero requiriendo los mismos requisitos simples de la habilidad para notar los hechos y educación e inteligencia para aplicarlos. La sola agudeza de los sentidos no es suficiente: un rastreador indio puede decirle que la pisada sobre las hojas no era de un piel roja, sino de un cara pálida, porque marcó una huella de zapato, pero se necesita a un experto en zapatos para decirle dónde fue hecho ese zapato. Un detective que sea un buen observador puede notar la marca de pulgar que dejó una mano sucia o con sangre en una cortina o ventana, pero necesita de todo el conocimiento científico de un Galton para lograr que los valles y montañas de la mancha sean visibles y permanentes, y para luego identificar por ese signo a un sospechoso de robo o asesinato. Sherlock Holmes tiene sentidos agudos y la educación especial y la información para que estos sean valiosos, y nos permite conocer los secretos de su método. Pero en adición a la creación de su héroe, el Dr. Conan Doyle ha probado en su destacable serie de historias que ha nacido para ser escritor. Ha tenido la inteligencia para realizar excelentes argumentos e interesantes complicaciones, y los cuenta en un honesto inglés sajón, directa y precisamente; por sobre todos sus otros méritos, sus historias están absolutamente libres de relleno. Él sabe cuán deliciosa es la brevedad, cómo todo tiende a ser demasiado largo, y nos ha dado historias que podemos leer entre la cena y el café sin posibilidad de que olvidemos el comienzo antes de llegar al final. Las historias de detectives ordinarias, desde Gaboriau o Boisgobey hasta el último shocker, en verdad necesitan de un esfuerzo de memoria bastante innecesario por parte del lector para retener las circunstancias de los crímenes y las distintas acciones de los personajes secundarios. El Dr. Doyle nunca le da una oportunidad de olvidar un incidente o perder un punto.

miércoles, 15 de septiembre de 2021

RESEÑA DE EL MISTERIOSO ASUNTO DE STYLES

El misterioso asunto de Styles

La primera historia de Hércules Poirot

Portada de Obras completas de Agatha Christie 26

Sinopsis del primer libro de Hércules Poirot


Ficha
Título original: The Misterious Affaire at Styles
Autor: Agatha Christie
Fecha de publicación original: 1920
Copyright para la presente edición de obras completas de Agathe Christie: Ediciones Orbis; Distribución exclusiva para Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay: Hyspamerica Ediciones Argentina; Primera edición,  impreso en Argentina en marzo de 1989, 
Traducción: Diorki, traductores
ISBN: 950-614-091-x

Emily Inglethorp, la matriarca de la familia, muere en su mansión de Styles Court en una habitación cerrada y, ante la posibilidad cierta de que sea un asesinato por envenenamiento, un huésped de ella, Hastings, llama a su amigo detective Hércules Poirot, un belga refugiado (la historia transcurre durante la Primera Guerra Mundial) ayudado junto a otros compatriotas por la señora Inglethorp, para que resuleva el caso. En esta historia hay muchos personajes, bien caracterizados aunque no se dedique mucho tiempo a uno solo (lo que quizá afecte la empatía que pueda adquirir el lector por alguno de ellos) y de complejas interrelaciones, además de que se extiende por varias semanas, y estas complejas interrelaciones conforman subtramas que vuelven más difícil desentrañar el misterio del asesinato.

Hastings, el narrador, militar con licencia de invalidez y presentado en los primeros párrafos de un modo muy similar a como lo es Watson en Estudio en escarlata, provee de mucha información al lector, siendo menos selectivo o menos resumidor que como lo es Watson en las historias de Sherlcok Holmes, con la posible excepción de la novela más larga de Sherlock Holmes, El sabueso de los Baskerville, que es de una extensión similar. Otra diferencia entre ambos es que Hastings tiene menos confianza en el detective, Hércules Poirot, que la que Watson habitualmente tiene en Holmes, pues Watson se ve a sí mismo como un asistente y observador y se cuida de no estorbar a Sherlock (en una ocasión Sherlock llega a decirle que tiene la inapreciable virtud de saber guardar silencio), mientras que, al menos aquí (y esta es la primera historia de Poirot que he leído) Hastings trata de ponerse constantemente a la altura de Poirot y ser un socio mas que un ayudante y sobreestima sus propias habilidades de detective y de diplomático. Asimismo, aparece el inspector Japp, de Scotland Yard, quien sería similar las historias de Poirot al Lestrade de las de Holmes: inspector rutinario y no muy imaginativo, aunque Japp parece tener en más alta estima las habilidades de Poirot que lo que Lestrade tiene las de Sherlock en las primeras historias.

Por otro lado, me resultó difícil conocer el carácter de Poirot al ser difícil discernir si algunas cosas que hacía eran las típicas “trampas” o trucos de detective para obtener información o si estaba accionando en serio. Por otro lado, es alguien meticuloso, obsesivo del orden y cierta estética y, aunque no me resultó desagradable en modo alguno, sí me resultó menos simpático que Holmes y Dupin. Poirot, contrario a estos, no habló prácticamente nunca de los principios elementales del detectivismo, o incluso de la condición humana, a partir de los cuales se conjeturan las explicaciones sobre qué y por qué ha ocurrido algo, como si hacen Holmes y sobretodo Dupin, sino que es el investigador aplicado puro.

Además, me ha pasado algo que creo que ha sido único: este libro me resultó de lectura rápida una vez que retomaba su lectura en cualquier momento, pero no me provocaba grandes ganas de retomarlo al terminar una serie de lectura, lo cual me afectó negativamente debido a toda la información para recordar que hay. En suma, me resultó una buena novela de misterio aunque no me ha provocado tras finalizarla grandes ganas de ponerme a leer las siguientes de Poirot, aunque lo haré eventualmente.


Aquí están las reseñas de las primeras historias de Sherlock Holmes y de Dupin

RESEÑA DE ESTUDIO EN ESCARLATA

RESEÑA DE LOS CRÍMENES DE LA RUE MORGUE

sábado, 13 de febrero de 2021

RESEÑA DE ÚLTIMOS CASOS DE SHERLOCK HOLMES

ÚLTIMOS CASOS DE SHERLOCK HOLMES

LAS ÚLTIMAS HISTORIAS PUBLICADAS

PORTADA DE ÚLTIMOS CASOS DE SHERLOCK HOLMES

FICHA

Título original: The Case-Book of Sherlock Holmes

Autor: Arthur Conan Doyle

Publicación original: 1921-1927 (las historias cortas); 1927 (el volumen recopilatorio)

Editorial Terramar, primera edición, 2005; Buenos Aires

Traducción: Ricardo Healy

ISBN: 987-1187-31-9
"And so, reader, farewell to Sherlock Holmes!"

Este último grupo de historias es el menos interesante y emocionante de Sherlock Holmes, pero la vara está muy alta debido a lo muy buenas que son las anteriores. Empero, aquí hay una mayor variedad de estilos, siendo el principal cambio las dos historias narradas por Sherlock Holmes y no escritas por Watson tras que él se las relatara (como en La Gloria Scott y El ritual de los Musgrave) y no carece de momentos memorables.

Por cierto, las historias no fueron ordenadas en su orden de publicación, e imagino que fue sugerido así por Conan Doyle. Para el orden de publicación, ver aquí: https://en.wikipedia.org/wiki/The_Case-Book_of_Sherlock_Holmes

La aventura del cliente ilustre

No podía recordar este caso por su título y tras leerlo vi que la razón era que el cliente ilustre en realidad nunca aparece en persona porque actúa por un intermediario, y aunque Watson descubre quién es, Holmes le dice que no se lo cuente.

En este caso, Holmes y Watson se las ven con un enemigo muy inteligente, quizá hasta el nivel del mismo Sherlock. El objetivo del dúo dinámico detective-doctor es evitar que este hombre, que es un asesino serial de mujeres, logre casarse y tener completamente a su merced una nueva víctima, y Holmes tendrá que romper la ley una vez más, aunque con un resultado imprevisto.

La aventura del soldado blanqueado

La primera de las dos únicas ocasiones en que la historia es narrada por Sherlock Holmes en primera persona. Como tal, es directa en su presentación del caso y precisa en los detalles; no tiene las preguntas en medio de ella que solía hacerse internamente Watson y que daban más intriga al manifestar muchas posibilidades de resolución, que con Watson además tienen sus emociones imbricadas en ellas. Por supuesto, Holmes reconoce que relata los hechos escuetamente; en ese sentido, su narración puede calificarse como más seca que las de Watson, ya que tampoco están las habituales muestras de admiración que este (que ni siquiera aparece en esta historia) tiene por Sherlock.

Respecto al caso en sí, referido a la desaparición con reclusión de un amigo de su cliente, no le resultó difícil de resolver pues sólo con la narración de su cliente, tras llegar a la casa del problema obtuvo de inmediato la prueba empírica que necesitaba para confirmar su teoría. Lo interesante de esta historia está en que Holmes es quien la narra y en la cuestión de cómo el azar estuvo envuelto en la gestación del problema que dio origen a la desaparición.

La aventura de la piedra mazarino

Este relato está narrado en tercera persona (la única así además de Su último saludo en el escenario). Se desarrolla por completo en Baker Street 221 B, que es donde Holmes tratará de recuperar la piedra mazarino de un ladrón de clase alta de quien Holmes ya tiene una lista de anteriores crímenes. Sin embargo, su prioridad aquí no es apresarlo porque su cliente lo contrató para recuperar la piedra preciosa.

La manera de tratar el caso de Holmes (y la forma en que luego devuelve la piedra) es una muy buena muestra de por qué sus historias son tan apreciadas.

La aventura de los tras gabletes

El misterio inicial se desenreda muy rápida y fácilmente, con lo cual el atractivo de esta historia está prácticamente de modo exclusivo, como en algunas otras, en la forma de manejarse de Sherlock Holmes y, de hecho, en las dos primeras páginas hay una clara muestra de por qué eso funciona cuando un “amedrentador” irrumpe en Baker Street a tratar de amedrentar a Holmes pero sale de allí con el rabo entre las piernas sin que Holmes siquiera se haya levantado de su asiento.

También se revela aquí que Holmes tiene una relación de dar y recibir con un hombre llamado Langdon Pike, un persona que está al tanto de todos los chismes y ocurrencias subrepticias de la vida social londinense, con Holmes ayudándolo un poco a reunir información y él correspondiéndole con la suya cuando Sherlock lo necesitaba.

La aventura del vampiro de Sussex

Holmes es consultado por un aparente caso de vampirismo de una madre a su hijo y es en esa posibilidad en lo que reside el interés del caso, dado que Holmes lo resuelve rápidamente sin mucho problema.

La aventura de los tres Garridebs

“Fue la única vez en mi vida que comprendí la grandeza de su corazón, lo mismo que tantas veces había visto la de su cerebro. Todos los años que había estado a su servicio, colaborando con él humilde y lealmente, encontraron su culminación en aquel momento revelador”

Un muy interesante caso y dejo que las palabras de Watson en el párrafo inicial lo describan:

“Pudo haber terminado todo en pura comedia o haber resultado tragedia completa. A un hombre le costó la razón, a mí me costó la sangre y a otro los rigores y sanciones de la ley. Sin embargo, es indudable que en el caso hubo un ingrediente de comedia. Pero… juzguen por ustedes mismos”.

La herida de Watson ocasiona otro de los momentos memorables por el despliegue inusual de fuerte emoción de Sherlock que ocasiona.

El problema del puente de Thor

“Me temo, Watson, que no va a acrecentar usted la buena reputación que yo pueda haber adquirido en casos anteriores, añadiendo el del misterio del puente de Thor a sus anales”

Este es el cuento más largo y contiene muchos desplazamientos y diálogos: es uno en los que más se cuentan en detalle las pesquisas de Holmes.

La aventura del hombre que gateaba

“Cuando se subleva uno contra la naturaleza, lo más probable es que sea derrotado y caiga más hondo. El tipo más evolucionado de hombre puede retroceder al estado animal, si se aparta del camino recto de su destino”

Este, al igual que el del puente de Thor, tiene mucha actividad de Sherlock, y es, quizá, en el que mejor está el color y la vida que Watson agrega a sus narraciones (aunque Holmes se lo critique); es en “la falta de más Watson” de las historias de este volumen donde quizá esté su principal falla para generar un interés tan alto como las de la mayoría del resto del canon.

Este cuento tiene un elemento de ciencia ficción, que si recuerdo bien es en el único en el que esto ocurre.

La aventura de la crin de león

“Jamás encontrará el lector, en todas las crónicas que se han hecho de mis actividades, un caso en el que estuviera más desorientado y me hubiera costado más trabajo”

El segundo y último caso relatado por el mismo Sherlock Holmes. Cuando él ya se ha retirado a una vida de campo, un profesor de un instituto cercano es asesinado, por casualidad muriendo en los brazos de Sherlock y otro profesor amigo, descubriéndosele unas marcas como de látigo cruzando su espalda, y sus últimas palabras inteligibles fueron “la crin de león”. Sherlock se pone a investigar este caso, con su atmósfera de suspenso ante los aparentes callejones sin salida a los que conducen las pistas.

La aventura de la inquilina encubierta

Esta historia muy corta no tiene participación alguna de Holmes mas que escuchar a su cliente y tratar de disuadirla de acabar con su vida.

La aventura de la vieja casona de Shoscombe

En la casona del título viven una hermana rica y un endeudado hermano dueño de caballos. El entrenador de caballos acude a Holmes porque ha descubierto que que el dueño está desenterrando un cadáver de una vieja capilla que hay en la propiedad y también se encuentra un hueso calcinado en una caldera de la casa. Holmes y Watson, entonces, van al lugar a investigar.

La aventura del pintor misterioso

Un hombre ha sido traicionado: su esposa se ha fugado con su amigo y robándole sus ahorros. El hombre acude a Sherlock Holmes para que los rastree. Holmes está ocupado, así que envía primero a la casa de este hombre a Watson, quien le da información que, aunque al doctor no le dice nada en especial, al detective le hace pensar que hay algo más que lo que su cliente ha dicho


Dividiendo en tres grupos de gusto descendente:

La aventura del cliente ilustre; La aventura del soldado blanqueado; La aventura de la piedra Mazarino; La aventura de los tres Garridebs; El problema del puente de Thor; La aventura de la crin de león; La aventura del hombre que gateaba; La aventura del pintor misterioso

La aventura del vampiro de Sussex

La aventura de los tres gabletes; La aventura de la vieja casona de Shoscombe; La aventura de la inquilina encubierta


martes, 19 de enero de 2021

ANÁLISIS (1) POE Y LA INTELIGENCIA Y EL ANÁLISIS

POE Y LA INTELIGENCIA Y EL ANÁLISIS



C. Auguste Dupin es el principal protagonista de tres cuentos escritos por Edgar Allan Poe: Los crímenes de la calle Morgue; El misterio de Marie Roget; La carta robada. En estos tres cuentos y en otro llamado El escarabajo de oro, con otro juego de protagonistas, de los cuales el principal es William Legrand, Poe ha escrito sobre la inteligencia y el análisis, y sobre las probabilidades y el azar, con un enfoque muy interesante porque el detective más famoso, Sherlock Holmes, le dedica a esos temas un enfoque de, más bien, ciencia aplicada y, de hecho, Sherlock combina la teoría con la práctica más que lo que Dupin lo hace en sus tres cuentos porque el primero hace mucha más investigación de campo, además de que aunque es dicho que Holmes resuelve casos sin salir de su casa, en la mayoría de los que cuenta Watson su investigación de campo, muy superior por lo regular a la de la policía, es fundamental para obtener los datos necesarios para descubrir o demostrar. Dupin, por su parte, explica sus razonamientos desde un ángulo que no sé si llega a calificar de epistemológico, pero al menos creo que esta palabra da la idea general.

Así, en los primeros párrafos de Los crímenes… comienzan directamente hablando de la inteligencia, y ya desde su epígrafe:

"Qué canción cantaban las sirenas o qué nombre adoptó Aquiles cuando se ocultó entre las mujeres, aunque cuestiones intrincadas, no están más allá de toda conjetura (Sir Thomas Browne, Urn-Burial)"

Tras esto, habla el narrador anónimo sobre cómo Las características de la inteligencia calificadas de analíticas constituyen, al utilizarlas quien las posea en alto grado, una fuente de gran placer para este, incluso en las cuestiones más triviales, y que probablemente estas facultades se vigoricen con el estudio de las matemáticas, y en especial del análisis matemático (calculus, aunque Dupin en La carta robada negará la validez universal de la razón matemática). Pero aquí hace una distinción importante: calcular no significa por sí mismo analizar, y señala cómo en el juego de las damas un jugador ejercita más el análisis (no en el sentido matemático) que el mero cálculo en comparación con un jugador de ajedrez, dado que en este último juego se toma por profundo (un error bastante común) lo que es complejo; esto debido a las muy diversas posibilidades de movimientos de las piezas, que requieren de una gran concentración para no cometer un desliz, y es la capacidad de concentración alta e ininterrumpida, entonces, lo fundamental; mientras que en las damas, al ser un juego mucho más simple, requiere de una mayor agudeza y un jugador se ve obligado a penetrar en el espíritu de su oponente para descubrir cómo forzarle a cometer un error. En el mismo sentido habla luego del whist (un juego de cartas): la destreza en el whist implica la capacidad de triunfar en todas las empresas más destacadas en que una inteligencia luche por otra.

Luego (todo esto antes de siquiera mencionar a Dupin) hace el narrador otra importante distinción:

“No debe confundirse el poder de análisis con el simple ingenio, pues mientras el analista es necesariamente ingenioso [, el ingenioso] es a menudo notablemente incapaz de análisis. La capacidad de deducción y de combinación, a través de la cual suele el ingenio manifestarse y a la que los frenólogos (creo que erróneamente) han asignado un órgano separado, suponiéndola una facultad primitiva, se ha observado con tanta frecuencia en sujetos cuyo intelecto bordeaba por otro parte la idiotez, como para atraer la atención general de los tratadistas del carácter. Entre el ingenio y la capacidad analítica existe una diferenciación aún mayor que entre la fantasía y la imaginación, si bien de una naturaleza casi estrictamente análoga. Se descubrirá, de hecho, que el ingenioso es siempre fantasioso, y el verdadero imaginativo es analítico”

Finalmente, sí se presenta a Dupin, y se narra cómo se inmiscuye de golpe en los pensamientos del narrador tras haber caminado unos quince minutos en silencio, algo que Sherlock Holmes, en Estudio en escarlata, califica de muy petulante y superficial, aunque en un cuento posterior él mismo lo hace con Watson para demostrarle que también podía hacerlo (la clave en ambas situaciones era, especialmente, seguir los ojos del otro para trazar conexiones por las cosas que observa y las expresiones faciales que estas le provocan). Posteriormente, ya analizando el caso en Los crímenes… Dupin dirá:

Vidocq [1775-1857, fundador de la policía nacional francesa, detective privado y propulsor de métodos científicos para el trabajo policíaco y detectivesco], por ejemplo, era hábil en sus conjeturas, y desde luego un hombre perseverante. Pero, al carecer de un pensamiento adiestrado, erraba continuamente por la misma intensidad de sus investigaciones. Empañaba su visión al mantener el objeto demasiado próximo. Podía ver, quizás, uno o dos puntos con insólita claridad, pero al hacerlo así, necesariamente perdía la visión del asunto como un todo. Y es que existe algo que podemos llamar exceso de profundidad. La verdad no está siempre en un pozo. De hecho creo que el conocimiento más importante es invariablemente superficial. La profundidad yace en los valles donde lo buscamos, y no en las cumbres de las montañas donde se encuentra. Las formas y las fuentes de este tipo de error están bien tipificadas en la contemplación de los cuerpos celestes. Al mirar una estrella de reojo, al observarla con una mirada de soslayo, girando hacia ella las zonas exteriores de la retina (más sensibles que la interior a las impresiones de luz más débiles), se la capta con mayor nitidez, se tiene la mejor perspectiva de su brillo, un brillo que se empaña a medida que centramos nuestra visión totalmente sobre ella. En este último caso, caen realmente sobe el ojo un gran número de rayos, pero en el primero hay una capacidad de captación más refinada. Por una profundidad indebida perturbamos y debilitamos el pensamiento; y es posible hasta borrar al propio Venus del firmamento si lo miramos de modo demasiado sostenido, demasiado concentrado, o demasiado directo.

Calcular no significa por sí mismo analizar; no se debe tomar por necesariamente profundo lo que es complejo; y no se debe caer en un exceso de profundidad, para no empañar el pensamiento. Esta síntesis de los conceptos vistos conforma principios para crear la actitud mental de un investigador, pero digo investigador en un sentido muy amplio, pues todos nos enfrentamos a problemas o enigmas de diversa índole regularmente. Es lógico que no cada minuto de cada día lo pasa uno investigando, aunque el cerebro incluso pasivamente recaba información que puede llegar a ser investigativamente útil; pero me refiero a que hay momentos en que las acciones decididas se desprenden casi por completo de la actitud investigativa, dado que tal desprendimiento es necesario para enfocarse en el aquí y ahora de una acción específica y ejecutarla correctamente (e.g.: un cirujano que está operando no tiene que tener una actitud investigadora, sino ejecutiva; sólo si ocurriera un imprevisto –uno absoluto, del tipo que ni siquiera estaba contemplado como riesgo posible– sería necesario cambiar brevemente de actitud para hacer una rápida investigación, puramente mental y aún con el escalpelo en la mano, sobre qué puede estar ocurriendo y cómo resolverlo, recurriendo a los conocimientos que de su estudio y experiencia tiene a su alcance en ese momento determinado).

Ahora bien, no debe confundirse el evitar caer en el exceso de profundidad con no seguir una línea hasta las últimas consecuencias:

Ahora, habiendo llegado a esta conclusión de forma tan inequívoca como lo hemos hecho, no podemos, como razonadores, rechazarla basándonos en imposibilidades aparentes. Sólo nos queda probar que estas aparentes "imposibilidades" no lo son en realidad.

Fue por esto por lo que Dupin continuó investigando una zona específica del lugar de los asesinatos (un clavo de una ventana), cosa que la policía no había hecho porque esta sí cayó en la imposibilidad aparente debido a la falta de un razonamiento que sostuviera su búsqueda, pues sólo habían buscado por buscar qué podían encontrar:

Había rastreado el secreto hasta sus últimas consecuencias, y estas estaban centradas en el clavo. Tenía, como dije, en todos los aspectos, la misma apariencia que su gemelo de la otra ventana; pero este hecho era totalmente nulo (por muy concluyente que pudiera parecer) frente a la consideración de que aquí, en este punto, terminaba la pista. "Algo debe estar mal en este clavo", me dije.

Efectivamente, algo estaba mal con el clavo, pero fue el método de Dupin el que le permitió que ni siquiera se frustrara un momento cuando se topó con la posteriormente demostrada aparente imposibilidad. Empero, este control emocional, aunque beneficioso, es en realidad secundario, porque sería posible que ante la imposibilidad aparente a uno le nacieran espontáneamente las dudas sobre si habría o no cometido un error en su razonamiento o en si habría alguna premisa que no hubiera tenido en cuenta; lo importante es no dejar que esas dudas pasen de hacer que uno revise su razonamiento, y que no le impida seguirlo hasta sus últimas consecuencias. En este sentido, como dice Sherlock Holmes: ...cuando has eliminado lo imposible, lo que queda, por muy improbable que parezca, tiene que ser la verdad[La Corona de berilos]. Y así vamos al tema de las probabilidades, a lo que Poe dedica unos cuantos párrafos.

Las probabilidades tienen una gran importancia en los cuentos de Poe de El Misterio de Marie Roget, en Escarabajo de oro y en El gato negro. En el último, el narrador protagonista está en la duda de si lo que le ha ocurrido se debe a una serie de coincidencias extraordinarias o a algo sobrenatural (y su sentido de culpa por sus acciones lo inclinan a pensar que lo ocurrido es un castigo sobrenatural); en el Escarabajo de oro, William Legrand, amigo del narrador y quien tiene la iniciativa en la historia, reconoce que la búsqueda del tesoro sólo fue posible debido a una serie de coincidencias que lo hicieron descubrir la pista primaria por accidente; y en Marie Roget, navegar en el mar de las probabilidades es en lo que consiste el largo discurrir de Dupin, navegación que hace a partir de toda la información que suministran los periódicos para resolver un caso cuya dificultad estriba en que es uno mucho más común que el la calle Morgue. Así, en Marie Roget, el narrador anónimo comienza:

Pocos habrá, aún entre los pensadores más serenos, que no se hayan visto en ocasiones sorprendidos al ver que, de modo vago pero inquietante, creían a medias en lo sobrenatural, a causa de coincidencias de un carácter tan aparentemente maravilloso que el intelecto era incapaz de aceptarlas como meras coincidencias. Tales sentimientos, pues las semicreencias de que hablo jamás tienen la fuerza total del pensamiento, tales sentimientos difícilmente se logran sofocar por completo, a menos que se acuda a la doctrina del azar, o como técnicamente se la denomina, al cálculo de probabilidades. Más tal cálculo es, en su esencia, puramente matemático, y así nos vemos ante la paradoja de que haya de aplicarse lo más estrictamente exacto de la ciencia a la vaguedad y la espiritualidad de lo más intangible del campo de la especulación

Y Dupin luego dice:

La historia del conocimiento humano ha mostrado de forma tan ininterrumpida que los sucesos colaterales o incidentales o accidentales han producido los descubrimientos más numerosos y notables, que se ha hecho al fin necesario, cuando se intenta tener una visión progresiva, conceder no un crédito grande sino el mayor a las invenciones que surgen de la casualidad y absolutamente fuera del nivel de las previsiones ordinarias. [Piénsese en el descubrimiento "accidental" de la penicilina por Alexander Fleming: el "accidente" que causó que un hongo destruyera las bacterias que estaba estudiando fue posible porque estaba estudiando las bacterias en primer lugar, y que ocurran accidentes es parte de la condición humana porque la concentración y la atención no son constantes, sin mencionar factores azarosos que sean externos a los propios investigadores] No es ya más filosófico basarse en lo que ha sido una visión que en lo que ha de ser. El accidente se admite como una parte de la subestructura. Hacemos la casualidad objeto de cálculo preciso. Sometemos lo imprevisto y lo inimaginado a las fórmulas matemáticas de las escuelas.

Y al finalizar el relato, retoma el narrador anónimo:

Se comprenderá que hablo de coincidencias y de nada más. […] Respecto a la última parte de la suposición [el paralelismo entre el caso de Marie Roget y el de Mary Cecilia Rogers,  caso este último ocurrido en Nueva York y en el que se basó Poe para escribir su cuento] ha de tenerse en cuenta que la más ligera variación de los hechos de los dos casos podría llevar a los más graves errores, al separar totalmente las dos series de acontecimientos; igual que en aritmética un error que, por sí mismo, podría considerarse despreciable, produce al final, a fuerza de multiplicarse en todos los puntos del proceso, un resultado muy distinto del verdadero. Y en cuanto a la primera cuestión, hemos de tener en cuenta que el mismo cálculo de probabilidades al que me he referido, impide toda idea de extensión del paralelismo, la impide vigorosa y decididamente justo en proporción a la extensión y exactitud de dicho paralelismo. Es ésta una de esas proposiciones anómalas que, dirigiéndose en apariencia a un pensamiento por completo al margen de las matemáticas, sólo un matemático puede resolver cumplidamente. Por ejemplo, nada es más difícil que convencer al mero lector de que el hecho de que hayan salido dos veces sucesivas seises en el juego de los dados, es causa suficiente para apostar a que será muy improbable que salgan en una nueva jugada. Una sugerencia de este género es usualmente rechazada de plano por el intelecto. No se ve razón alguna por la que dos jugadas terminadas, y que yacen por completo en el pasado, puedan ejercer influencia sobre una jugada que sólo existe en el futuro. La posibilidad de sacar seises parece exactamente la misma que existía antes, es decir, sólo estará sujeta a la influencia de las otras muchas jugadas que pueden salir. Y esta es una reflexión que parece tan obvia que las tentativas de discutirla son casi siempre recibidas a una atención respetuosa. No puedo pretender aquí, dados los límites que tengo asignados, exponer la naturaleza de este error, un error grosero que produce graves daños; para los que entienden de filosofía no necesita explicación. Ha de ser suficiente el que diga que forma una de las series infinitas de errores que surgen en el camino de la razón debido a la tendencia de ésta a buscar la verdad en el detalle.


Mis reseñas de las historias de Poe mencionadas, que tienen las fichas de los libros:

RESEÑA DE LOS CRÍMENES DE LA CALLE MORGUE 

RESEÑA DE EL MISTERIO DE MARIE ROGET

RESEÑA DE LA CARTA ROBADA

RESEÑA DE EL ESCARABAJO DE ORO

RESEÑA DE EL GATO NEGRO

lunes, 9 de noviembre de 2020

RESEÑA DE LAS AVENTURAS DE SHERLOCK HOLMES

Las aventuras de Sherlock Holmes

El primer grupo de historias cortas de Sherlock Holmes

Portada de Las aventuras de Sherlock Holmes
FICHA
Título original: The Adventures of Sherlock Holmes
Autor: Arthur Conan Doyle
Publicación original: 1891-1892 (las historias individuales); 1892 (el volumen recopilatorio)
Editorial Terramar, primera edición, 2005; Buenos Aires
Traducción: Ricardo Healy
ISBN: 987-1187-30-0

Todas las historias están narradas por Watson en tercera persona. En varias de las historias no hay delito alguno, por lo menos en términos legales, y Holmes felicita a Watson por saber elegir entre los casos interesantes aunque no haya delito, en vez de los más sensacionalistas. Aunque algunas historias me gustaron más que otras, todas son excelentes, con la única excepción de la última, que es la me que me gustó menos porque Holmes participa poco aunque la historia es larga.

Escándalo en Bohemia

Usted ve, pero no observa. La diferencia es evidente

Uno de los casos en los que Sherlock Holmes falló (aunque su cliente lo recompensa de todos modos porque el resultado parcial fue suficiente) y, de acuerdo a Watson, significó una especie de punto de inflexión en la estimación que Holmes hacía de la inteligencia de las mujeres, inteligencia de la que solía burlarse pero últimamente no le he oído hacerlo, aunque yo creo, por comentarios que Sherlock hace en otras historias sobre las mujeres, que su pensamiento estaría orientado hacia una superficialidad de las mujeres mas que a su capacidad; por ej., en una ocasión dijo que sospechó de una mujer porque ella se había puesto a contraluz, por lo que pensó que quería ocultar sus expresiones faciales para ocultar sus pensamientos, y resultó que simplemente no quería que se le viera que no se había terminado de maquillar; y, por otra parte, como ya visto en La señal de los cuatro respecto a Mary Morstan, no tiene problemas en reconocer la inteligencia de clientes mujeres una vez que las conoce por sus relatos.

De vuelta al presente caso, este también muestra explícitamente que a Holmes y Watson no les importa infringir la ley y exponerse a ser detenidos si es por una buena causa. El cliente aquí es un rey y se menciona también que SH ha servido a la familia real de Holanda, así como que la prensa publicaba intervenciones de SH en resolver casos; es decir, el talento del detective consultivo ya era reconocido ampliamente.

La liga de los pelirrojos

Al nuevo cliente de Holmes le ha ocurrido uno de los sucesos más extravagantes de las historias holmesianas, y al principio no se ve delito alguno; no lo ven ni él ni Watson, pero Holmes piensa pronto que lo hay y que se enfrenta a un plan de alguien a quien considera el cuarto hombre más inteligente de Londres y tercero en audacia, y tarea suya será predecir el siguiente movimiento para poder atraparlo.

Un caso de identidad

Una joven le pide a Sherlock que encuentre a su prometido, desaparecido del carruaje que lo transportaba a su casamiento. Holmes identifica fácilemente el caso como similar a otros en su conocimiento de la literatura criminal y se las ingenió para conseguir las pruebas que confirmaron su teoría de los hechos.

Ocurre aquí uno de los hechos más indeleblemente memorables de todas las historias de Sherlock Holmes cuando este se enfurece contra el culpable de lo ocurrido a su cliente y lo amenaza con darle de latigazos (y me escribió a fuego en la mente la primera expresión que soltó en su acaloramiento, “¡Por Júpiter!”)

El misterio de Boscombe Valley

Watson recibe un telegrama de Holmes pidiéndole que lo acompañe en un viaje en tren al oeste de Inglaterra para solucionar un caso de asesinato, el cual Holmes comienza, tras leer los diarios y el reporte del juicio, con la suposición de que el sospechoso –que lo es mucho ante todos– es inocente porque tan pronto le atribuyen demasiada imaginación como demasiado poca. Pero aún con eso, el principal factor por el que Holmes prevalece sobre Lestrade para descubrir la verdad es su trabajo de análisis sobre la escena del crimen, como en tantas otras ocasiones, aunque luego elige no seguir –tras darle su oportunidad a Lestrade– los canales oficiales para llevar al criminal a la justicia.

Las cinco semillas de naranja

Un joven llega a Baker Street para pedirle a Sherlock Holmes ayuda contra una conspiración misteriosa que se ha llevado las vidas de su tío primero y de su padre después, y ahora le ha llegado la misma amenaza que les había llegado a ellos: un sobre con una orden sobre ciertos papeles, y en el sobre, firmado por KKK, hay cinco semillas de naranja

SpoilerEl signo del Ku Klux Klan

Holmes dice aquí que ha sido vencido cuatro veces: por tres hombres y una mujer.

El hombre del labio retorcido

Watson va a sacar de un fumadero de opio a un amigo y, para su sorpresa, se encuentra allí a Holmes, disfrazado. Sherlock está allí esperando encontrar alguna pista sobre el destino de alguien que desapareció allí y, aparentemente, qué ha ocurrido es algo que sólo saben el dueño de ese fumadero y un mendigo con el labio retorcido.

El carbunclo azul

Watson visita a Holmes dos días después de Navidad y se encuentra con que está examinando un sombrero de alguien por identificar, aunque sin que haya delito alguno de por medio. Sherlock –contrario a Watson– puede hacer unas buenas suposiciones sobre la personalidad del dueño, y su identidad cobra mucha importancia cuando se descubre dentro del ganso junto al que se había encontrado el sombrero una valiosa piedra preciosa robada.

Spoiler Holmes indultará al criminal al final con la esperanza de “salvar el alma” de este. Y en la serie protagonizada por Jeremy Brett, lo que en el libro dice con calma, que la policía no le paga para cubrir sus deficiencias, en el la serie lo grita con enojo… y ambas cosas me gustan.

La banda de lunares

¿Lo ve, Watson? –gritaba- ¿Lo ve? Uno de los momentos que me resultaron de mayor clímax de las historias holmesianas.

Una joven le pide ayuda a Holmes porque teme que la muerte por medios desconocidos que le acaeció años atrás a su hermana gemela le ocurra ahora también a ella debido a extrañas cosas que ocurren últimamente en su casa. Y ocurre un momento que resulta gracioso por cómo Holmes se toma la irrupción en Baker Street del padrastro iracundo de la chica luego de que ella se fuera, que a su vez demuestra que se la ven con alguien muy peligroso. Este caso crea una de las mejores atmósferas de suspenso para el momento decisivo.

El dedo pulgar del ingeniero

Tal y como Watson advierte al principio de su relato, este ofreció poca oportunidad para que Holmes demostrara sus talentos. Por ende, es más bien una historia de suspenso de cómo el ingeniero que apareció en el consultorio de Watson con un pulgar menos llegó a ese estado.

El aristócrata solterón

El cliente de Sherlock Holmes en esta ocasión es un noble importante cuya esposa desapareció al poco rato de casarse. Holmes, no obstante, resolvió el caso sólo leyendo los diarios y a partir de sus conocimientos de la literatura criminal, antes de que St. Simon llegara para contarle los hechos, y sus preguntas al noble sirvieron para confirmárselo. Este caso contiene uno de los momentos más divertidos de todas las historias de SH debido a la gracia que le causan a Sherlock las ideas de Lestrade para intentar resolverlo, con una burla épica además:

SpoilerLestrade: ...me pareció que si la ropa estaba allí, el cuerpo no se encontraría muy lejos.
Holmes: Según ese brillante razonamiento, todos los cadáveres deben encontrarse cerca de un armario ropero.

La corona de berilos

Uno de los mejores. La corona del título, entregado como garantía a un prestamista, ha sido parcialmente robada por el hijo del mismo; parcialmente porque no falta toda la corona, sino una parte de ella con tres de sus berilos. El prestamista acude desesperado a Sherlock Holmes para que lo salve a él y a la ilustre figura británica que le había entregado la corona, creyendo que su propio hijo es en verdad un ladrón, y Holmes investigará todo con su habitual método y frialdad.

El misterio de Copper Beeches

Este caso trata sobre una joven institutriz que pide consejo a Holmes relativo a un trabajo rodeado de extrañas circunstancias. En el caso en sí Holmes tuvo muy poca participación, pero sí está la opinión de Sherlock sobre las elecciones literarias de Watson en lo relativo a sus casos, además de la frase: Datos, datos, datos! ¡No puedo hacer ladrillos sin arcilla!

sábado, 8 de agosto de 2020

TÉTRADA (ENTRADA 1)

Este es el prólogo y el primer capítulo de un cuento de mi creación. Son cinco capítulos en total y el domingo publicaré el segundo.
Alexander, con sus amigos y compañeros de quinto de primaria, Guillermo, Yésica y Aurora, deciden espiar a un profesor porque no les gusta el cambio de actitud que ha tenido últimamente, pero se toparán con algo inesperado y chocante. Y Álex, además, tiene una participación en un caso de investigación periodística de su tía sobre un asesinato.

TÉTRADA

PRIMER CASO



PRÓLOGO

No, no es un error: a todos los dígrafos "qu" los reemplacé por una solitaria "q". ¿Por qué? Para incrementar el grado de correspondencia de "un fonema, una letra" del español, y la "q" cumple las mismas reglas que el "qu". Denle una oportunidad y luego comenten si se acostumbraron o no, si es mejor así o mejor vuelvo a usar el dígrafo en el futuro. Y ya respecto a la historia...

Esta es la primera historia qe cuento en papel, y también es la del primer caso en el qe participé como uno de los protagonistas y no como un simple oyente.

Mi propósito al escribir este prólogo, en vez de presentarles la historia directamente, es decirles qe lo qe les voy a contar es verdadero… excepto por algunas cosas, pero estas no son las importantes, sino solamente nombres propios de personas y lugares, ocultamientos necesarios para salvaguardar identidades de individuos qe no qieren ser conocidos por sus nombres verdaderos –incluyéndome a mí y a mis parientes y amigos–, o porqe no tenía ganas de preguntarles si les gustaría serlo, o porqe aunqe ellos qieran, yo no qiero qe lo sean. No obstante, sí debería darles una idea de dónde y cuándo transcurren los hechos: Argentina, en los noventa (antes de la masificación de los celulares y de Internet).

Otra cuestión: este prólogo está en primera persona, pero lo qe sigue (la historia en sí) lo narré en tercera persona porqe me pareció qe así sería más cómodo para mí y qe así podría contar hechos qe no supe en su momento qe estaban sucediendo y de los cuales me enteré más tarde. De esta forma, he podido desarrollar mejor las cosas en el camino hacia la resolución de la historia, o eso espero. Pero sí utilizo la primera persona en las notas al pie de página, donde explico algunas cosas qe el lector no necesariamente entenderá sin estas, y me refiero sustancialmente a los lectores niños.

Y en cuanto a por qé escribo y publico esto… Las razones son sencillas y espero contárselas en alguna otra historia.

¡Espero qe se entretengan!

ALEXANDER D. GREIT





CAPÍTULO 1

INTRODUCCIÓN Y UN CASO IRRESOLUTO

—¡Truco! —dijo Álex.

—¡Qiero retruco! —dijo Aurora.

—¡Qiero vale cuatro!

—¡Qiero!

—¡As de bastos!

—¡As de espadas!

—¡Ahh, maldición!

—¡31 a 26, ja, ja! ¡Aprendan, chicos!

—¡Alexander! —exclamó con exasperación la gemela de Aurora, Yésica—. ¿Para qé cantaste truco?

—¡Tendrías qe haber jugado callado! —concordó eufóricamente Aurora—. ¡Gracias por facilitarnos la victoria, Álex!

—¡Es totalmente injusto! —protestó Álex llevándose las manos a su cabeza de pelo castaño claro—. ¡Siempre estuvimos adelante hasta esta mano!

—¡Y sí —repuso Guillermo, el de pelo castaño oscuro—, hicimos una remontada espectacular digna de los libros de la historia del truco!

Guillermo y Aurora chocaron manos victoriosamente. Yésica suspiró con fastidio, se apartó un mechón rubio oscuro de la cara y terminó de un sorbo lo qe qedaba de su té. Alexander estaba demasiado molesto por la catastrófica derrota como para declamar qe la próxima vez él ganaría y qe ellos sólo habían tenido suerte (como lo hacía usualmente cuando perdía) así qe empezó a juntar las cartas mientras los vencedores relataban de forma grandilocuente y dramática cómo habían triunfado.

Los cuatro amigos eran compañeros de 5° año de primaria. Asistían en el turno mañana, y en general, las tardes de los lunes, miércoles y viernes se juntaban en las casas de las gemelas, de Guille y de Álex respectivamente. Los martes y los jueves las chicas tenían por la tarde clases de inglés y de música, y los chicos jugaban a la pelota con otros amigos y compañeros. Además, Álex y Guille eran miembros de eqipos de fútbol rivales, y coincidentemente ambos entrenaban en sus respectivos clubes en las tardes-noches de los lunes, miércoles y viernes, y jugaban los sábados partidos por el campeonato, mismo día en qe las gemelas asistían a clases de computación.

—¿Cómo decías, Álex? —se burló Guille—. ¡Ah, sí: “Ríndanse, así ya empezamos otra, si es obvio qe ganamos”!

Guille era el mejor amigo de Álex. Se habían hecho amigos desde el primer día en qe se conocieron, el primer día de clases del primer año de primaria, y su relación había empezado aún antes de entrar al aula, de una forma muy simple:

—¿Me das un caramelo? —le había preguntado Guille al verlo comiendo uno.

—Bueno —había respondido Álex dándole uno—. ¿Cómo te llamás?

—Guillermo. Gracias. ¿Y vos?

—Alexander.

—Nunca había escuchado ese nombre.

—Mi papá es inglés, él lo propuso y a mi mamá le gustó.

—¿En serio es inglés?

En ese momento no pudieron seguir hablando porqe las maestras pidieron silencio para saludar, pero cuando llegaron a su aula se sentaron a la misma mesa y continuaron la conversación en donde se habían qedado:

—¿En serio tu papá es inglés?

Y aunqe después se convirtieron en jugadores de eqipos rivales por la cercanía de cada club a sus respectivas casas, eso no desvirtuó en modo alguno su amistad (eso sí, la amistad no entraba a la cancha cuando sus eqipos jugaban entre sí: en la cancha eran rivales y ni siqiera se hablaban). Sin embargo, tampoco era una amistad en la qe reinaban la paz o los abrazos sentimentales; muchas veces se pelearon en “peleas de niños no violentas” por nimiedades… pero una hora después ya estaban como si nada hubiera pasado.

—Ay, pobre hermanita, te tocó con Álex. ¡Tal vez sea un castigo de Dios porqe sos la gemela malvada!

La respuesta de Auro fue ponerle la almohada de Álex en la cara, tumbándola sobre la cama.

—¡Sí, soy muy mala! —dijo antes de qe Yesi le pateara el trasero para sacársela de encima y después la golpeara con la almohada.

Lo común es qe los hermanos gemelos sean muy unidos y esta pareja no era la excepción. Además de ser idénticas físicamente por ser gemelas (los mellizos son los qe tienen un parecido más normal de hermanos), también eran prácticamente idénticas en sus personalidades. A pesar de qe tras un poco de conversación se podría arriesgar identificarlas, nunca era con altas probabilidades de acertar, en especial porqe nunca podía saberse si estaban fingiendo ser la otra, acción qe podían ejecutar a la perfección y con la cual se divertían mucho. Y aunqe sus padres les compraban ropas con algunas diferencias para cada una y así poder reconocerlas a simple vista, ellas no tenían ningún problema en usar las prendas intercambiadas o combinadas.

Álex había guardado las cartas porqe –como finalmente la partida se había prolongado mucho debido a la remontada, tras estar muy atrás, del eqipo ganador– ya casi eran las seis y media y no qedaba suficiente tiempo para jugar otra partida, y tal vez ni siqiera un chico. En consecuencia, los cuatro fueron a la sala de estar (peqeña, ya qe Álex vivía en un apartamento común con su tía) y miraron un poco la tele hasta qe llegó el padre de las gemelas a buscarlas para llevarlas a casa, y entonces los cuatro chicos bajaron a la calle.

Las chicas se despidieron de los chicos con los usuales saludos de mutuos besos en los cachetes y se fueron en el auto de su padre. Álex y Guille se dijeron “nos vemos” acompañando gestos de despedida con una mano respectivamente y se fueron en sentidos opuestos, cada uno a entrenar con su club.

Álex regresó de la práctica a las ocho y veinte (su tía había ido a buscarlo), y mientras ella empezaba a preparar la cena él fue a pegarse una ducha. Después de eso, leyó un rato una historieta hasta qe empezó el partido de fútbol de los viernes a la noche, y a los pocos minutos de qe este comenzara su tía sirvió la comida para ambos.

Pronto, como el partido no era muy entretenido, Álex le preguntó a su tía:

—¿En qé estás trabajando ahora?

Descripción física: treinteañera, usa anteojos, forma física descuidada a pesar de qe puede caminar mucho por su trabajo, debido a su mala alimentación con mucha comida chatarra —aunqe solía cocinar más saludable para su sobrino—, alta respecto al promedio argentino de las mujeres, pelo negro.

Era periodista y trabajaba para un diario tanto con sus propios artículos como ejerciendo de correctora de estilo. Sus áreas para sus artículos solían ser policiales y sociales, y como Álex era muy curioso, la tía solía contarle cosas sobre sus investigaciones, qe por supuesto, él no debía repetir a un tercero.

La tía contestó: —Hoy ya se cumplen dieciocho días desde ese asesinato doble en qe cortaron la electricidad de una manzana y no han atrapado a los culpables, y la policía está tan cerca de conseguirlo como de lograr qe les aumenten el sueldo. El artículo en el qe estoy trabajando se refiere a la ineptitud policial, aunqe me está costando un poco plantearlo adecuadamente, hum… darle el tono adecuado —trató de ser más específica, y luego añadió como hablándose a sí misma: —Sí, lo mejor será citar también anteriores casos de fracasos, pero sólo de paso o me qedaría el artículo muy largo.

—¿Pero de verdad son ineptos o es un caso muy difícil?

—Bueno, la cosa había sido así —respondió ella sentándose más derecha—. Los dueños de la casa robada eran una pareja casada de más de cincuenta años y sin hijos, y todos los días primero de cada mes salían a cenar a la misma hora, al mismo restaurante, y regresaban a su casa entre la una y las dos de la noche. El robo estuvo obviamente planificado de antemano para aprovecharse de esa rutina. Se llevaron tres mil pesos y unas joyas menores (collares y aretes de plata y oro). El ladrón todavía estaba en la casa cuando ellos regresaron; se escondió cuando ellos entraron y los mató a puñaladas —esa situación fue algo más cruel qe como lo contó la tía, pero ella consideró qe Álex no necesitaba oír esos detalles para entender el crimen, qe sí eran el material principal de los artículos sensacionalistas—. Todo fue silencioso y el ladrón, qe había entrado forzando una puerta trasera, parece qe sencillamente salió por la puerta principal aprovechando la oscuridad qe él había creado. No se encontraron huellas dactilares ni rastros de ADN del asesino.

—¿Y cómo hizo para cortar la electricidad?

—Se subió a uno de los postes de la luz para manipular la caja usando un árbol qe estaba pegado. De hecho, sospecho qe la posibilidad de poder hacer eso fue lo qe lo inspiró a cometer el crimen.

—A mí me parece difícil de resolver.

—Es difícil porqe es común, pero la policía no se ha esforzado mucho en buscar e interrogar a los conocidos de la pareja, lo qe debería haber sido una prioridad dado qe parece qe el asesino sabía qe algo de valor podía encontrar en la casa. Y dudo de qe hayan hecho una investigación de la escena del crimen apropiada —refiriéndose por apropiada a una de primer nivel—. Aunqe hay algo qe me molesta un poco. Si sabía a qé hora iban a volver, debería poder haberse ido de la casa con tiempo de sobra.

—¿Tal vez esperó mucho para cortar la luz para tratar de hacerlo cuando la gente estuviera durmiendo?

—No, la cortó a las cero horas y la pareja dejó el restaurante como a la una y cuarto. qizá sí se excedió en el tiempo qe dedicó a buscar cosas de valor, pero esa explicación no me cierra del todo.


Álex vivía con su tía porqe su madre, argentina, y su padre, inglés, vivían en Inglaterra desde hacía dos años. Álex había nacido en Argentina, pero desde sus siete meses habían vivido en Inglaterra hasta justo antes de qe empezara la primaria, para cuyo inicio ya se habían vuelto a mudar a Buenos Aires. Cuando Álex terminó el tercer año, sus padres decidieron volver a vivir en Inglaterra, pero al oponerse su hijo fuertemente, lo dejaron qedarse a vivir con su tía y ellos se fueron con la hermana mayor de Álex, y él iba a Inglaterra en las vacaciones de invierno y de verano.

Aunqe interesantes, las razones detrás de tantas idas y vueltas no tienen relación directa con la presente historia, de modo qe contarlas qedará para otra ocasión (o tal vez para nunca, no lo sé)

sábado, 18 de abril de 2020

RESEÑA DE LA SEÑAL DE LOS CUATRO

La señal de los cuatro La segunda historia de Sherlock Holmes


FICHA
Título original: The Sign of the Four; or the Problem of the Sholto
Autor: Arthur Conan Doyle
Publicación original: 1890
Editorial Terramar, primera edición, 2005; reimpresión de mayo 2013, C. de Buenos Aires
Traducción: Ricardo Healy
ISBN: 987-1187-32-7

  En esta segunda aparición y novela de Sherlock Holmes se continúa mostrando el método de investigación del detective privado con consulta en contraste con el de los funcionarios de Scotland Yard; en este caso, del detective Athelney Jones, quien llama despectivamente a Holmes “señor teórico” y despliega una gran energía, teniendo de vez en cuando “atisbos racionales” (como dice Sherlock). Después, Jones irá a pedirle ayuda…

   El caso de esta ocasión es presentado por Mary Morstan y ella y Watson se enamorarán rápidamente (aunque sin gran desarrollo, este enamoramiento se desenvuelve junto con el caso). Su padre ha desaparecido hace años sin rastro alguno al poco tiempo de volver a Inglaterra de su posición como oficial en las islas Andaman y, posteriormente, a ella le llegan, una vez al año, unas perlas muy valiosas. Tras recibir una carta anónima pidiéndole un encuentro, lo que motivó que consultara a Sherlock, él, ella y Watson van juntos a ese encuentro, que les dará respuestas sobre el destino de su padre y los llevará a descubrir un asesinato junto al robo de una fortuna en joyas. En el lugar del asesinato y robo aparece la señal de los cuatro, que también había sido encontrada entre los papeles del padre de Mary, pero ninguno de los cuatro nombres les es conocido…

   Al inicio, se revela que Holmes es un consumidor habitual de cocaína, por lo visto al punto de la adicción, como método para escapar del horrible aburrimiento que sufre cuando no tiene casos interesantes que resolver. También que no le gustó Estudio en Escarlata, la publicación de Watson del caso, por haberle dado un tinte novelesco en vez de enfocarse en los aspectos analíticos del caso.

   También volverán a aparecer los irregulares de la calle Baker, pero esta vez fallarán en obtener la información que Holmes esperaba, por lo que este replantea el asunto a partir de calibrar la inteligencia de su adversario criminal y pensar qué haría él en su posición si tuviera su intelecto, tras lo cual sale en su búsqueda, para lo cual se disfraza de un modo que engaña incluso a Watson junto a sus habilidades de actuación, por primera vez mostradas.


   Esta historia es tan buena como Estudio en Escarlata (reseña aquí), profundizándose en los personajes Holmes y Watson, en especial del primero, tanto en personalidades como en las habilidades detectivescas, utilizando otra vez (y bien) el recurso del contraste de los métodos científicos de Holmes con los de la policía oficial, parte de lo cual ya está en el primer capítulo cuando Sherlock le revela a Watson que es autor de varias monografías sobre temas técnicos (como el ya mencionado en el libro anterior de las cenizas de tabaco; también menciona los efectos de los oficios en la forma de las manos, una referida a las pisadas...). Además, se muestra que la fama de Holmes se extiende tanto entre los criminales (por eso ha de disfrazarse cuando sale a investigar discretamente) como las fuerzas policiales (menciona que fue consultado por un detective francés).

   Nota de color: Es en los días anteriores a hacer esta entrada que leí por primera vez la versión completa de La señal de los cuatro. Hace creo que dos años me enteré, por leer unas páginas de esta historia en su versión original en inglés en wikisource, de que la censura que ya sabía que tenía mi libro de La señal de los cuatro respecto a que Holmes toma cocaína era mucho mayor de lo que creía; creía que era cosa de una línea, pero vi que es una buena parte del capítulo, pero además hay un par de cosas más que están inexplicadamente quitadas. Esto me había enojado mucho como pocas veces cuando me di cuenta, debido a tal censura sin ninguna advertencia en el libro, pero esperé a comprar y leer la historia sin censura en el libro de la foto de esta entrada, que era el último que me faltaba de esa edición de las historias completas de Sherlock Holmes.

   Otra nota de color: evidentemente, tengo mala suerte: incluso en el libro de la foto de esta entrada hay algo que falta: en uno de los capítulos finales, se menciona a Winwood Reade; este nombre no estaba en el primer libro, censurado, que había leído de La señal de los cuatro. Tras leerlo en el de arriba y guglearlo, me entero de que Holmes también lo menciona en el primer o segundo capítulo, y, al fijarme en la versión original de wikisource, veo que se refiere a un libro suyo (El martirio del hombre) como uno de los mejores jamás escritos, algo que es no pequeño elogio, además de que, probablemente, sea la misma opinión de Conan Doyle.

Reseña de Estudio en escarlata